lunes, 28 de diciembre de 2009

Odio Literatura


ODIO LITERATURA:

Capitulos: 9,10,11,12,13 & 14 {lo posteo todos junto}


Ojalá no le hubiese dicho absolutamente nada, porque eso empeoró todo. Me molestaba más que de costumbre, me suspendía exámenes más que aprobados y se podían contar casi con los dedos de las manos los días que no me había quedado sin recreo quitando grapas. Estaba harta de esta situación. Para la cual no ayudaba que mi profesor se pasara tarde sí y tarde también recordando viejos tiempo con Gas en la librería.Me estaba destruyendo y lo más extraño de todo era que no me disgustaba. Siempre estábamos alerta para atacar y siempre acababa en el despacho del director por culpa de mi "viperina lengua" como la había llamado en algunas ocasiones. Mis padres no sabían que hacer conmigo. Por que fueron notificados de cada uno de mis castigos personalmente por el señor Lanzani.Pero lo peor llegó las últimas semanas de clases, antes de las vacaciones de Navidad.Ese día teníamos examen final de Lengua.Todos mis compañeros estaban agobiados repasando los apuntes que el tonto de Lanzani nos había dado, los mismos que ni había mirado. ¿Para qué? Si ya sabía lo que iba a pasar.Inmediatamente después de tocar el timbre, apareció el profesor. Qué hombre tan puntual…- Recoged todas las cosas – dijo yendo por cada mesa. Buenos días a usted también profesor – No quiero ver nada sobre vuestras mesas. No empecéis hasta que todos tengáis el examen. Si tenéis alguna duda levantad la mano y os atenderé. Si veo a alguien copiando, que se despida de sus vacaciones – finalizó entregándome el último papel – Empezad.Yo escribí mi nombre y me quedé mirando al profesor. Nunca me había fijado en lo bonito que eran sus ojos… ¡¿Qué estaba pensando?! Era mentira. Yo no había pensado eso. Había sido mi subconsciente que se había ablandado por una comedia romántica que vi el otro día en el cine. Si era eso… Los ojos del profesor se encontraron con los míos. ¿Por qué mi corazón se había puesto a latir tan rápido?- ¿Algún problema Esposito? – preguntó.- No – negué bajando la cabeza ruborizada. Me puse a leer las preguntas del examen y pensé en renunciar al plan que me había formado; pero luego vi como sonreía sarcásticamente mientras seguía con la lectura que había interrumpido. Apreté los puños conteniendo la ira. Era el momento. No habían pasado ni diez minutos desde el inicio de la clase cuando me levanté y entregué mi examen al profesor.- ¿Qué hace señorita Esposito? Su examen está en blanco.- Le estoy dando un auténtico motivo para que me suspenda, me castigue y llame a mis padres – contesté lo más tranquila posible, saliendo de clase. Se me olvidó coger la mochila, pero daba igual. No iba a volver a entrar. Me temblaban las piernas y tenía un nudo en la garganta. Sólo se me ocurrió ir al baño de mujeres. Apoyé la espalda en la pared y me dejé caer. Envolví las rodillas con mis manos, escondiendo entre ellas la cabeza. Entonces el llanto vino solo. ¿Por qué no podía parar de llorar? ¡Ah, si! Porque había arruinado mi vida. Ya no podría ir a la universidad. No sé cuanto tiempo estuve sola allí, pero no quería salir. Escuché pasos acercándose. Como fuera él, me lo cargaba…- Esposito… - me llamó el profesor Lanzani con voz cansada, pero yo no contesté – Esposito vuelve a clase y retome su examen.- ¡No! – le miré. Estaba arrodillado a mi altura.- Te estoy dando otra oportunidad. Sé que puedes hacerlo.- ¡Pues no quiero! – grité aunque ya no hacía nada por ocultar mis lágrimas – Ya ¿para qué? Mis notas han empeorado ¡Y todo por su culpa! ¿Se divierte? ¿Le hace gracia ver como los demás se ríen de mí? ¿Es tan gracioso haber destruido mi futuro? ¿Se reirá cada vez que me vea trabajando limpiando escaleras en vez de con una buena beca en la universidad? ¡Dígame! ¿¡Lo hará!? – ya lo había soltado, pero no me sentía mejor, todo lo contrario… ¿sería por ver la culpabilidad pintada de verde en sus ojos?- Yo no pretendía eso – admitió mirándome – Sólo quería que te esforzaras aun más. Fue idea del director. Él quería aprovechar tu potencial para mejorar el status del instituto. Pero yo no supe canalizarlo y lo siento.- Por mucho que le perdone, nadie va a cambiar lo que ha pasado. Pero no puedo culparle. Ya todo da igual. Tendré que dejar el instituto y buscar otro trabajo.- Pero no puedes dejar de estudiar – exclamó Lanzani.- Mis padres me lo advirtieron. No iba a estar mantenida. Si no sacaba buenas notas, me pondría a trabajar. Y desde que usted llegó, desde que todo esto comenzó me lo repiten cada día – me asusté porque tocó el timbre. Ya era hora de irse a casa, pero nuestra conversación no había acabado.- Yo buscaré la forma de convencer a tus padres. Te lo prometo – le miré enternecida. Él sólo limpio con delicadeza las pocas lágrimas que me quedaban – Vamos a clase, Lali – me tendió la mano, ayudándome a levantarme.Aquella fue la primera vez que pensé que quizás me había equivocado…Fuimos caminando en silencio hasta el aula, ya no quedaba nadie. Solamente él y yo… ¿Por qué sentía cierto nerviosismo ante esta perspectiva? Últimamente, tenía bastantes preguntas sin responder.- ¿Ha dejado a mis compañeros solos haciendo el examen? – pregunté curiosa, cuando entramos en clase.- No – rió – estaban con el profesor de guardia – su maletín aguardaba encima de la mesa, junto con los exámenes. Levantó el mío de entre el montón - ¿De verdad no quieres hacerlo? Estoy seguro de que te sabes las preguntas.- No sería justo.- Pues, entonces, esto será lo que haremos – comentó acercándose más a mí – Mañana recibirás una citación. Diles a tus padres que te ha ido mal en este examen. El viernes en la hora de tutoría hablaré con ellos. Pero es muy importante que te comportes como siempre, como si no hubiéramos tenido esta conversación. Échale un poquito de teatro. Te prometo que al final recuperarás la asignatura.- ¿De qué modo?- Pues…

Llegué a casa más tarde de lo normal.- ¿Lali? ¿Por qué vienes tan tarde? – preguntó mi madre.- Tenía examen de Lengua a última hora. Me surgió un problema y el profesor me dejó quedarme un rato más.- ¿Qué problema? – siguió suspicaz mientras me sentaba a comer.- Se… Se me reventó el bolígrafo y tuve que repetir todo lo había escrito – suspiré… Uf. Nunca se me había ocurrido una mentira tan rápido. No les iba a hacer nada de gracia la bendita citación, porque cuando vine de clase el jueves mis padres me esperaban en el salón cruzados de brazo. En cuanto introduje las llaves en la cerradura, supe que había llegado el momento.- Mariana Esposito – me llamó mi padre por mi nombre completo. Mal presagio. Caminé hacia ellos resignada…Por el camino recordé las palabras del profesor "Échale un poquito de teatro. Te prometo que al final recuperarás la asignatura."- ¿Para qué nos ha mandado tu profesor esta citación?- Ayer no me fue muy bien en el examen y quiere hablar con vosotros – respondí tímida, mirándome los zapatos – Pero…- Lali te advertimos que si no te comportabas, te sacaríamos del instituto.- ¡Papá! Yo lo he intentado. De veras que lo he hecho, pero el profesor Lanzani es muy duro y yo me he matado estudiando y ya… no sé que hacer – comencé a sollozar, seguro que unas lágrimas de cocodrilo les ablandarían – Y de verdad que nadie se ha esforzado más que yo y me duele no poder sacar la asignatura después de todo lo que he trabajado… - cubrí mi cara con las manos, en parte para intentar no reírme. Mi madre se acercó y me rodeó los hombros.- Santiago – dijo mi madre – Debemos confiar en ella. Siempre ha sabido como salir de los apuros – mi padre lo meditó unos minutos.- Hasta ahora nos has demostrado que eres muy responsable. Achacaré tu descuido a la edad. Estas en un periodo de descontrol y sinceramente. Creía que iba a ser peor. Pero te advierto que no volveré a dar mi brazo a torcer. Además ayer vi que en la pescadería necesitaban un ayudante – yo tragué saliva y di las gracias a mi público por mi mejor actuación.El día transcurrió normal. Pensé que si de verdad lo de mis estudios salía mal, encontraría un papel en el mundo del espectáculo. Reí ante la idea.Mañana sería un día. A parte, tenía el último examen de Historia. Aunque en Lengua fuera tan mal, me seguía manteniendo.Después de cenar fui a dormir. Aunque no había hecho nada fuera de lo común, me sentía agotada.Desperté presa del nerviosismo. ¿Saldría todo bien?Confiaba en el profesor, pero no en mí misma. No estaba segura de si sería capaz.Llegué a clase como siempre. Me centré en prestar atención, pero era imposible. Mi mente estaba en la última hora y en el profesor Lanzani.De repente, me encontré recogiendo mis cosas para dirigirme al departamento de Lengua. ¿Cómo había pasado tan rápido el tiempo?Por el camino me encontré a mis padres y fuimos juntos en silencio.El profesor no tardó en llegar. Mis padres entraron primero. Él me cedió el paso, mientras me guiñaba el ojo. Yo le sonreí y todos mis temores se disiparon. Cuando le vi doblar la esquina del pasillo, supe que nada iba a salir mal. Su sola presencia me tranquilizaba. Ya ni siquiera estaba nerviosa…Sonreí aun más cuando vi las grapas que había quitado. Le había pedido al profesor que me las guardase. Él accedió extrañado. Volví al mundo cuando me senté en la silla entre mis padres y con el profesor de frente.- Señores Esposito – comenzó con su voz tas grave y aterciopelada. Suspiré sin darme cuenta – soy conciente de que muchas veces los alumnos no se acostumbran a un profesor. No es culpa de nadie, simplemente pasa. Es el caso de su hija. Ella y yo hemos tenido nuestras diferencias y ha afectado al rendimiento de Lali en la materia. Sé perfectamente de lo que su hija es capaz – tomó un folio de una carpeta y se lo paso a mis padres. Era un examen de esos que él me había suspendido. Ese no era el examen final…Pero ellos no lo sabían – Hay días mejores que otros. Los nervios a veces nos juegan malas pasadas y esta vez le fallaron a la niña, aunque no fue lo único – casi sonreí al escuchar eso. Le había contado mi mentira del bolígrafo para tener una coartada y para que m encubriera – Lali tiene un gran futuro, pero no por ello podemos aprobarla. Por eso voy a darle otra oportunidad. Durante las vacaciones podrá tomar clases complementarias conmigo. Solo serían tres horas y al final le tomaré un examen. Si le aprueba, aquí no ha pasado nada. Pero yo no puedo hacer más por ella… Si están de acuerdo, por su puesto – finalizó. Me había quedado embelesada con su discurso mirándole, absorbiendo cada palabra. Me encontraba cono flotando hasta que escuché la voz de mi padre.- Me parece correcto. Esta niña merece un castigo y si no ha trabajado durante el curso, lo lógico es que lo haga en vacaciones.- ¡Si hombre! – yo ya lo sabía, pero debía protestar; si no sería demasiado sospechoso… - Eso es una injusticia. No podéis decidir por mí. Profesor, no pienso venir en vacaciones. Me parece…- Lali – me cortó con una sonrisa sarcásticamente ¿encantadora? Me podía imaginar lo que venía ahora – No estamos pidiendo tu opinión. Será de 10:00 a 13:00. No es un gran sacrificio ¿verdad? – me enfurruñé teatralmente. La charla siguió hasta que tocó el timbre y nos fuimos. Al salir la mano del profesor rozó con la mía y no supe por qué pero… me ruboricé.Las vacaciones empezaban dentro de dos semanas y no sabía porqué estaba impaciente porque comenzaran.¿Qué ocurriría?Miré apesadumbrada por la ventana del autobús. Era el primer día de las vacaciones y, aunque interiormente anhelaba este momento, me fastidiaba ver a la gente caminar tranquilos y sin nada que hacer.- La última oportunidad – había dicho mi padre antes de que yo saliera de casa.Volví a la realidad cuando el autobús paró. Suspiré resignada y seguí mi camino.El instituto estaba casi desierto. Giré en uno de los pasillos para dirigirme al departamento de Lengua, donde había quedado con el profesor Lanzani.Casi huyo espantada de allí cuando me encontré con la "flor y nata" del instituto en la puerta del departamento.Era un grupo de seis chicos y ni rastro de chicas, salvo yo… Genial. Viva la inteligencia masculina.La mayoría eran repetidores, como Agustin y Nacho, pero ellos este año se lo estaban tomando en serio.No tenía ganas de compartir clases con esa gente. ¿Había que juntarse con la plebe?Al hacer la aparición estelar, todos se giraron a mirarme. Reconocí a un par de mi clase. De aquí no podía salir nada bueno…- Vaya – dijo Pablo como-se-apellide, quien parecía ser el cabecilla del grupo – La señorita Esposito ha decidido hacernos una visita.- Déjame – le contesté. No se me daba muy bien lidiar con adolescente con aspiraciones dominantes. No sabía controlar la situación. Y esta era de una esas situaciones. ¿Dónde estaba la puntualidad del señor Lanzani cuando se requería? Pablo me interceptó, cortándome el paso, aunque yo no me dirigía a ninguna parte. Sólo quería salir de ahí.- ¿Y si no lo hago? – retrocedí instintivamente empezando a asustarme – Estás más guapa así… Verdaderamente el uniforme escolar es un estorbo – todo su grupito rió la estúpida broma… Dios. ¡Parecían gorilas! Repasé mentalmente la ropa que llevaba, ya que no nos obligaban a traer el uniforme. Me había puesto una falda vaquera por encima de las rodillas, una camisa blanca y una chaqueta azul marino. Como había venido en autobús, no me preocupaba el frío. Era una cosa que aguantaba bastante bien. Pero no había contado yo con este pequeño inconveniente… El próximo día me vendré con el hábito de monja… - Lali. No te asustes. Sólo queremos que vengas con nosotros a tomar algo – no me había dado cuenta, pero estaba entre Pablo y la pared, y este se acercaba peligrosamente. Como un león que acecha lentamente a su presa – Tú eres lista, seguro que no te pasa nada por perder unas clases…- Deje las citas para luego, Esposito – irrumpió la voz del profesor Lanzani en el pasillo. Y por fin pude respirar. Pablo se alejó y yo me quedé más tranquila. Me fijé en el profesor. Él también lucía más informal que de costumbre: con suéter y vaqueros.Al verle, todos los muchachos se pusieron rígidos.- Bien Esposito. Tú vendrás conmigo a la clase de 2º y el resto os quedaréis con los demás profesores que os asignen. Ya pasarán a buscaros. No sufráis por que me lleve a la señorita, pero tiene mejores cosas que hacer que estar aquí de charla con vosotros.Seguí al profesor riendo interiormente, no sin antes voltear para ver a Pablo. Y no me gustó como me miraba. Denominé a su mirada como "mirada de león hambriento". Normal, se había quedado sin su presa…

Lanzani me abrió la puerta del aula vacía, cuando llegamos.Me coloqué en primera fila y él soltó los libros que traía.- Buenos días – me saludó.- Buenos días, profesor.- Veo que causa furor entre los chicos – comenzó sentándose en la mesa y pasándome unos ejercicios que recordé haber hecho al poco de que él llegara. El profesor también me miraba de forma penetrante y curiosa, pero no como Pablo… Difícil de explicar. No era como un león hambriento sino como un excursionista que se detiene a ver el monumento de la ciudad de visita o como si alguien mirara una obra en un museo. Sonreí ante mi propia explicación. Era una tontería. Pero fuera lo que fuera, no me quitaba el ojo y eso, me gustaba. Crucé las piernas por debajo de la mesa, para darle un poco de emoción al asunto. No sabía por qué lo hacía, pero su vista seguía clavada en mí con renovado interés. De vez en cuando, jugaba con mechones de mi pelo o miraba por la ventana. Me quedé callada, por que no sabía que contestarle; pero viendo que la cosa iba para largo decidí entablar conversación.- Preferiría no tenerlo.- Es normal a tu edad. Si alguna vez te molestan, puedes decírmelo.- Tenía controlada la situación – mentí descaradamente. ¿Y? No me gustaba que pensase que no podía con unos tipos como esos.- Lali, serás una buena actriz en el futuro… pero a mi no me engañas.- Usted lo ha dicho. No lo hago – él sólo sonrió. Tras media hora terminé todos los ejercicios que me iba pasando.- Bien. Ya hemos hecho suficiente por hoy.- ¿Bromea? Si quedan más de dos horas.- Pero ya has hecho todo lo que traía preparado. Eres muy rápida – y ahí estaba otra vez esa mirada. Creo que me sonrojé involuntariamente.- Entonces… ¿qué vamos a hacer? – este hombre era capaz de tenerme el resto del tiempo mirando al frente, callada y sin hacer nada.- Hablar – dijo como la cosa más natural del mundo - ¿Qué vas a hacer con las grapas?- No lo sé.- ¿No las puedo tirar?- No, son mías yo las quité.- Eso no te da ningún derecho sobre ellas.- Como si pudieran opinar – musité mirando lo absurdo de nuestra conversación.- ¿Y si lo hicieran?- Pues que vengan y me lo digan. Esto es ridículo. ¿No podemos hablar de otra cosa?- ¿Su novio no la protege ante tantos pervertidos? No creo que Pablo sea el único que se haya fijado en usted - ¿había escuchado bien? ¿Mi novio? No entendía las segundas intenciones de su comentario. Y ahí estaba otra vez esa mirada. ¿Qué significaba? ¿Qué el también se había fijado en mí? Más tonterías…- No tengo novio… de momento - confesé. ¿Y qué coño hacía yo contándole mi vida privada?- Pretendientes no le faltan – volvió a esbozar esa sonrisa tan arrebatadora ¿eran imaginaciones mías o disfrutaba de la conversación? La verdad yo prefería hablar sobre la vida secreta de las grapas.- No creo que a eso se le pueda considerar pretendiente – yo también reí – Es más bien, como una rata callejera – Era mucho más fácil hablar con él cuando no peleábamos. Y agradable. E interesante. Y... debería parar...- Seguro que Pablo no comparte tu punto de vista. Estaba muy interesado en ti.- Ya, pero no es mutuo – suspiré. ¿Estas eran mis clases de refuerzo? ¿Lo había planeado él así?- Cuídate de él. Nunca se sabe lo que es capaz de hacer – me quedé helada al escucharlo y creo que empalidecí. Lanzani no se dio cuenta y siguió - ¿Qué libro has leído recientemente?- Romeo y Julieta – una hora después me había coscado de que indirectamente había iniciado un debate sobre el amor con mi profesor.- ¿Te gustaría enamorarte? – me preguntó cuando llevábamos un rato callados.- Nunca me había parado a pensarlo – contesté con la mirada perdida en la ventana – pero qué adolescente no quiere vivir un romance de ensueño.- ¿Es tu caso?- Yo prefiero los retos – le miré fijamente – Las cosas difíciles – Lanzani se quedó callado, pero luego la charla volvió a salir fluidamente. Me di cuenta de que no me costaba mantener la conversación con el profesor. Era muy espontáneo y elocuente.Cuando llegó el momento de marcharnos fuimos juntos hasta la salida.Una estridente risa hizo que me parara en seco.- Lali no voy a dejar que te haga nada – susurró el profesor, llenándome, misteriosamente, de seguridad.Al pasar por el lado de Pablo, él siguió con sus tonterías y yo le hice caso omiso como siempre, pero la presencia de Lanzani me dio valor. Esto no iba a quedar así.- Creo, señor Lanzani – dije para que todos me oyeran – que el director debería revisar los expedientes porque no se admiten animales en el instituto – y sonriendo cínicamente a Pablo, me encaminé hasta la salida.Eran mediados de diciembre y el clima, muy frío; pero me sorprendí al salir y ver una gruesa capa de nieve. ¿Cómo no me había dado cuenta de que nevaba si había estado mirando por la ventana? Una sonrisa traviesa se formó en mi rostro, a la vez que tenía una genial idea. Corrí hacia donde había una gran acumulación de nieve en el suelo e hice una bola. Antes de que pudiera tirársela al profesor, él me atacó dándome en el brazo. Le miré expectante y aparentemente indignada. Lanzani reía a carcajadas. Tenía una sonrisa tan hermosa que me estremecí al admirarla. Sólo otra bola cerca de mi cabeza, que afortunadamente esquivé, me hizo salir de mi ensoñación. Mi profesor volvió a reír cuando le lancé la mía.Iniciamos una guerra toda la calle arriba. Yo me refugiaba detrás de los árboles y corría; pero él me alcanzaba enseguida.Ninguno paraba de reír. Era una situación un poco extraña, divertida, agradable. Nunca me cansaría de estar así.- ¿Cómo hemos llegado al aparcamiento del instituto? – le pregunté mientras me sacudía la nieve de la chaqueta. Lanzani sólo se encogió de hombros.- ¿Hacemos un muñeco? – estaba pensando justamente en eso, por lo que asentí emocionada.Empezamos a juntar nieve. Al modelar el cuerpo nuestras manos se rozaron y una calidez inundó mi cuerpo. A pesar del frío de la nieve pude sentir su tacto suave.Descubrí, en ese instante, la calidez de la nieve.Nos miramos profundamente. Sus ojos contra los míos.Tal como vino se fue y nosotros seguimos haciendo el muñeco.Al terminarlo lo miré orgullosa. Saqué el móvil para hacerle una foto, cuando vi un montón de llamadas perdidas de mi madre. No me había dado cuenta de que el tiempo había volado mientras jugábamos como niños. Mi madre me había dicho que nada de salidas. Estaba castigada, por alguna estúpida razón que no sabía, y del colegio iría directamente a casa.- Lo siento profesor Lanzani – me disculpe – Lo he pasado muy bien. Ahora tengo que irme. Mi madre me va a matar.- Entiendo – me dijo – Mañana te veo a la misma hora – yo ya había empezado a correr para llegar antes, pero nada me salvaría de una buena bronca - ¡Cuidado con la… - tarde - nieve!- ¡Aaahh! – resbalé a cámara lenta quedando mi pobre tobillo hecho añicos. Lanzani vino de inmediato, haciendo un enorme esfuerzo para no reírse. ¡Y cómo no hacerlo! Era patética: cubierta de nieve, con el culo helado, la falda descolocada y el tobillo… en no muy buen estado. La risa nos venció a los dos sin poderlo evitar.- ¡Lali, eres peor que un niño! – exclamó riendo y ayudándome a incorporarme. Me tendió la mano y tiró de mí con tanta fuerza que nuestros rostros quedaron a milímetros de distancia. Todo eran indirectas y hoy, día de acercamientos. ¿Significaría algo? Intenté por todos los medios no apoyar el pie, pero cuando lo hice la risa cesó y la sustituyó una mueca de dolor - ¿Estás bien? – puede que parezca mentira, pero hasta que no escuché la profundidad de su voz en mi oído no me fijé en lo cerca que estábamos. Sus manos me rodeaban, nuestros cuerpos se tocaban y sus labios… ¡Qué escándalo! – Será mejor que te lleve al hospital.- Si no quiere puedo llamar a mis padres – repliqué porque no parecía muy entusiasmado con la idea. Creo que también se dio cuenta de nuestra cercanía.- No pasa nada – alucinada como estaba pasé a un estado de "shock" cuando me tomó en brazos al más puro estilo princesita de cuento. Pero no era una carroza tirada por hermosos corceles blancos lo que me esperaba en el aparcamiento; si no un pedazo de coche último modelo negro metalizado. Casi se me cae la baba…¿Cuánto ganaría como profesor?Sin soltarme, abrió la puerta y me introdujo cuidadosamente en el interior. Yo estaba sonrojada a más no poder y no era capaz de articular palabra.La expresión del rostro de mi profesor era muy confusa, por lo que no pude descifrar nada. Recordé que tenía que llamar a mi madre y saqué el móvil.- ¡Lali! ¿Dónde estás? – dijo tras descolgar – ¿No sabes qué hora es? Quedamos en que…- Mamá estoy camino del hospital – contesté escueta – Me he resbalado en la nieve y el profesor Lanzani se ha ofrecido amablemente a llevarme.- ¡Lali, no te da vergüenza! ¡Siempre estás comprometiendo a tu profesor! Deberías procurar ir con más cuidado… - qué remedio… Tuve que colgar.Miraba a reojo a Lanzani, quien estaba concentrado en la carretera y, sin pensalo ni poder evitarlo, sonreí.


- Un ligero esguince de tobillo – confirmó el médico mientras me examinaba bajo la atenta mirada de mi madre y del profesor, que había insistido en quedarse – Se lo vendaré y tendrá que guardar reposo unas dos semanas. Si siente molestia tome este medicamento – me extendió un papel con el nombre – Y evite moverse más de lo necesario – miré enfurruñada las muletas que a partir de ahora debería usar – la otra pierna podría verse resentida por cargar con todo el peso del cuerpo.Me lo vendó y me esfumé de allí lo antes que pude. Mi madre se quedó arreglando papeles con el médico.Me iba a costar habituarme a las muletas. Iba tan deprisa que tropecé con mis propios pies y de no ser por la mano mágica de Lanzani me la habría pegado.- Ten cuidado… ¿No querrás romperte algo? – yo suspiré. No me acostumbraba a atenerle tan cerca. Ni a su tacto. Perdía el control de mí cuando esto pasaba. Tenía que poner una distancia de seguridad entre los dos.- Muchas gracias por todo, profesor Lanznai – dije cortante – Hasta mañana.No sabía que saldría del experimento de mantener una distancia de precaución prudente con él, pero debería intentarlo.Tenía algo que me atraía… ¿Qué demonios estabas pasando?Ahora sólo había una tregua. Espera a que empiece el segundo trimestre. Va a ser un no parar de molestar. Y de discutir. Y de sus ácidos comentarios. Y de su arrebatadora sonrisa sarcástica de superioridad.¡Basta! Esto debía acabar… ¿Dónde habían quedado esos tiempos en los que no le soportaba?No conseguí adaptarme al engorro de las muletas.Los primeros días fueron los peores. Debía poner mucha atención o caminar con alguien cerca, por que al mínimo movimiento iba al suelo.A diferencia de mí, mi plan para mantener la distancia con el profesor Lanzani seguía en pie. Tras regresar del hospital, pensé en una manera de llevarlo a cabo.Se había implicado demasiado en mi vida y estaba cogiendo confianza. Primer punto que había que había que invertir a toda costa, pero iba a ser difícil por que estábamos sólo él y yo en clase.Seguidamente habría que acabar con nuestra fuente de placer: las peleas, discusiones, guerras verbales, debates… Como quisiéramos llamarlo. Cada vez que hablábamos le revelaba una parte de mí. Me sentí extrañamente nostálgica al recordar nuestros primeros encuentros. Pero aunque no quería que terminasen, debía hacerlo. Debíamos ser como un profesor y alumna normales. Nada de favoritismos, castigos, ahora te ayudo y te llevo al hospital o ahora te defiendo de los abusones…Suspiré. Iba a ser como nadar a contracorriente en un bravo mar lleno de olas que me arrastraban hacia él cada vez más. No debía rendirme. Aunque mi corazón se entristeciera y yo me empeñara en negarlo. Un nuevo sentimiento había sido plantado dentro de mí hacia tiempo. No quería admitirlo. Y tenía que deshacerme de él. Era insólito e imposible. Seguramente una vaga ilusión creada por mi mente adolescente, confundiendo las cosas que no son.Tenía que deshacerme de ese maldito sentimiento antes de que crezca y echase raíces. Ahí, sería imposible cualquier tipo de ayuda.El tercer punto a tratar sería él mismo. Juan Pedro Lanzani. Su voz, sus ojos, su sonrisa, su lunar… Todo.Debía alejarme de él lo antes posible. Si bien era cierto que antes yo misma provocaba esos acercamientos ahora debía buscar el efecto contrario.Antes cuando le provocaba con mis actos o mis contestaciones; no sabía de los sentimientos del corazón¿O sí lo sabías y no querías darte cuenta? ¿Y si, inconscientemente, le buscabas?¡Maldita voz de la conciencia! Rememoré el encuentro de nuestras manos y la calidez que había sentido. El cosquilleo que me provocaban sus ojos.Su manera de hablarme tan superior, arrogante, afilada, sarcástica… ¿Cómo iba a renunciar al sonido de su voz? ¿A su sonrisa burlona? ¿A sus fingidas muestras de desprecio?Y entonces, me dí cuenta…¿Cuándo había sido? ¿Cuándo se me había hecho demasiado tarde para pedir ayuda? ¿Para echarme atrás? ¿Para decir NO?¿Cuándo había crecido ese sentimiento? ¿Tan ciega había estado? Cegada por sus palabras, eclipsada por él… Ahora un tronco grueso y de espeso follaje inundaba mi corazón. No se podría arrancar ni con una sierra eléctrica. Pero acaso… ¿estaba enamorada? Y lo peor de todo… ¿de mi profesor?"Del amor al odio sólo hay un paso" ¿Cuándo habría cruzado ese paso? Había sobrepasado la línea, pero mi plan debía continuar.Por mucho que me doliera, por mucho que lo temiera; era todo un error. Una indecencia. Una frustración. No podría mover ficha porque todos mis esfuerzos no se verían recompensados. Era su alumna. No su amiga, ni la vecina de enfrente. Su alumna. Era menor que él. Y nunca se fijaría en mí…Desolada con estos pensamientos pasé la maldita noche en vela sin sacar nada en claro…

domingo, 20 de diciembre de 2009


Capitulo 8.
- Sacad una hoja – exclamó Lanzani en un tono que no admitía réplica el jueves al llegar a clase. Sonreí… – Y pongan los trabajos de recuperación sobre la mesa - dictó cinco preguntas comprendidas entre las páginas que me señaló y comenzamos a hacerlo. Una vez hube terminado, se lo entregué y me volví a sentar. Él tenía la costumbre de irse paseando por las mesas. Volvió a aparecer de improvisto en la mía. Yo había sacado un libro y leía tranquilamente.- ¿Mitología y Leyendas? - susurró, como hacía siempre.- Me entró curiosidad – musité – Gas me lo ha prestado.- Ya me contará – y se fue dejando sobre la mesa mi trabajo de recuperación con un 10 garabateado y una nota en un pósit: "¿Ves como no es tan difícil mantener el pico cerrado?"Lo despegué y lo tiré a la basura ante su atenta mirada.Al finalizar la clase me dijo:- Esposito a quitar grapas el lunes en el recreo por levantarse sin mi permiso – lo que usted diga mi capitán.El viernes llegó y yo estaba contenta porque no tenía clase con mi "profesor favorito", como le había denominado.El día pasó volando pero cuando estábamos a última hora pensé que no me podía ir peor.Juan Pedro Lanzani sería a partir de ahora nuestro tutor, porque según el director, deberían ser personas con las que tuviéramos una asignatura común, al menos tres horas a la semana.Adiós a la alegría del viernes…- He corregido vuestros exámenes sorpresa. Como tarea para el fin de semana vais a tener que repetir los ejercicios que tengáis mal o los que yo os haya anotado. Esposito, repártelos – me ordenó. Yo los cogí bruscamente de sus manos – Y alegra esa cara, que es viernes – rechiné los dientes intentando controlarme. Mi examen estaba el último, y seguramente, aposta. Me senté en mi sitio y revisé el examen. Ni siquiera vi la calificación, tan sólo otro pósit: "REPITA TODOS LOS EJERCICIOS"Estaba furiosa pero no quería discutir por lo que saqué otra vez Mitología y Leyendas y ocupé mi tiempo.Esa tarde había quedado con Euge para ir de compras y estaba pensando qué más podíamos hacer.Como faltaba ya poco para la hora de la salida, nos dejó marchar. Yo me entretuve recogiendo mis cosas y me quedé a solas con el profesor Lanzani.- No se olvide del castigo – me dijo mientras abría la puerta y me dejaba pasar.- Como hacerlo si está usted recordándomelo todo el tiempo.- ¿Cómo conseguiste el trabajo?- Pasaba por allí, vi el cartel y Gas me dijo que no podía dejar pasar esta oportunidad.- Te encandiló con su palabrería barata.- Creo que estaba desesperado…- Sin ofender – repliqué mientras bajábamos las escaleras.- No es muy común que una niña de tu edad trabaje.- Esta niña – dije enfatizando la palabra – va a cumplir los dieciocho años dentro de unos meses y si lo hago es por que mis padres dan mucho dinero a mi hermano mayor que está en la universidad. Así puedo hacerme yo cargo de mis gastos y… ¿por qué le estoy contando esto? – ya casi estábamos en la puerta cuando vi una figura muy conocida. Él me sonrió como siempre y yo me tiré a sus brazos dejando a mi profesor pasmado.- ¿Saben que estás aquí? – pregunté por encima del ruido de la moto.- Acabo de llegar – me respondió. ¡Qué emoción!Bajamos en la puerta de casa. Le pedí que se mantuviera el silencio. Mamá y papá ya estarían allí. Íbamos a darles una sorpresa…- Hola mamá – exclamé al entrar – ¡Mira quien ha venido a vernos!- ¡Nico, hijo mío! – dijo mi madre cuando Nico, mi hermano mayor, entró.Pasamos una comida muy amena. Nico iba a quedarse una semana. ¡Qué bien!El fin de semana se me hizo muy corto. Teníamos tanto que hacer y tan poco tiempo.El domingo por la tarde Nico me llevó a dar una vuelta en su moto. Me gustaba sentir el viento contra el casco y esa sensación de que todo vuela ante nosotros…Atesoré cada momento que pasamos todos juntos, ya que no venía muy de seguido. El lunes cumplí el maldito castigo con Lanzani… Que asco…El martes me levanté tardísimo. Iba a llegar tarde, pero Nico se ofreció a llevarme.Cuando m soltó en la puerta del instituto, fui a devolverle el casco. Me dijo que a la salida vendría a por mí. ¡Mejor!Me despedí y entré apresuradamente a la clase de Lengua.- Esposito, retraso – me saludó Lanzani nada más entrar – Menuda costumbre está cogiendo – estaba más malhumorado que los demás días.
La moto se caló y… - dije mientras me sentaba y sacaba mis cosas.- No me replique. Enséñeme los ejercicios que le mandé del examen – me espetó furioso… Si ya sabía yo que algo se me olvidaba…- No lo he hecho – respondí simplemente y aparentando tranquilidad.- ¿Por qué? – preguntó subiendo el volumen de su voz.- Me parecía una tontería repetirlo cuando lo tenía bien hecho. Usted dijo que las que tuviéramos mal.- Esa no es excusa. Cuando yo mando algo, se hace y punto – gritó. La cosa se había complicado – Yo soy la autoridad en el aula y tienes que respetarme.- Si yo le respeto – estaba un poco asustada… mucho… bastante… Pero no era para que me hablara así – Sólo estaba dando mi opinión.- ¡Nadie te la ha pedido!- Usted – respondí inocentemente. Si él no me respetaba, dándome esas voces; pues yo… - O acaso no dijo…- ¡FUERA DE MI CLASE! – me levanté y salí con la cabeza bien alta.- Esos no son modales profesor Lanzani – respondí suavemente, cerrando la puerta. Si hubiera tenido algo en las manos, me lo habría tirado.Cuando se acabó la clase, él salió y nuestras miradas se encontraron desafiantes.- Señorita Esposito. Debería cuidar mejor sus compañías. No creo que un chico tan mayor le convenga. La está perjudicando. Si sigue así, me veré obligado a llamar a sus padres otra vez – el mismo cuento siempre ¿Podría cambiar su repertorio?
- ¿Qué chico mayor? – pregunté entre extrañada y atónita.- Usted sabe perfectamente quien es, Esposito – y se fue… No le di importancia ninguna y seguí con mis clases.Durante las clases del miércoles estuve pensando en el chico mayor que me dijo el profesor. Había pensado en todos ellos a los que había visto recientemente, y más aun que el profesor me haya visto con ellos… Tan sólo llegué a una conclusión. ¡Vaya una confusión que había en la cabeza de Lanzani!Al finalizar la clase, intenté explicárselo.- Por si le interesa, el dueño de la moto – dije señalando el casco – ese "chico mayor" del que usted habla, es mi hermano, el de la universidad – idiota…

sábado, 19 de diciembre de 2009


Capitulo 1
Todo empezó un día como otro cualquiera en el que me dirigía caminando tranquila al colegio . Los martes a primera hora teníamos clase de Lengua, pero últimamente la profesora no iba porque al parecer, estaba de baja. Y los demás profesores no nos dieron señas de que esto fuera a cambiar. Ahí estuvo su error.Yo era la única que iba a clase. Así podía adelantar tarea o leer algún libro sin que otros me molestasen.Cuando crucé la puerta del patio del colegio cinco minutos tarde, el portero, un hombrecillo muy amable con canas, me lo hizo notar y me instó a que fuera a clase. No le dí importancia, ni camine más deprisa.Llegué a mi clase y abrí la puerta.Esa fue la primera vez que le vi. Era alto, de piel morena y sus ojos, de un verde oscuro , me miraron en cuanto interrumpí la tranquilidad de la clase con el ruido de la puerta. Su pelo castaño estaba perfectamente peinado. Vestía una blusa azul, y unos vaqueros; pero no parecía informal. Pude ver una chaqueta colgada del respaldo de la silla del profesor.Estaba hablando con el director y ambos se fijaron en mí, que no sabía quién era ese hombre y qué hacía ahí. Pensé que, quizás, me había equivocado de clase; pero vi los carteles en las paredes característicos de mi aula.- ¿Se puede? – pregunté tímida. A lo mejor había interrumpido alguna reunión…- Señorita Esposito, pase – dijo el director. Yo hice lo que me pedía - ¿Sabes si alguno de tus compañeros va a venir? – negué con la cabeza colocándome en mi sitio ¿Quién iba a venir pudiendo dormir una hora más? Ah, yo… - Este es vuestro nuevo profesor de Lengua, Juan Pedro Lanzani – ambos hicimos un asentamiento con la cabeza. Saqué de mi mochila el primer libro que cogí antes de venir, “Romeo y Julieta”, mientras el director se despedía y salía del aula.- ¿Por qué no han venido sus compañeros? – me preguntó el nuevo profesor. Su voz era tan grave y varonil…- ¿Quién iba a venir aquí a perder el tiempo? – le contesté encogiendo los hombros- Tú estás aquí.- Si, pero para mí no es perder el tiempo – abrí el libro por donde estaba el marca páginas.- Guarda el libro – ordenó tajante.- ¿Por qué? – ¿para qué debía guardar el libro? Con lo a gusto que estaba leyendo. No pensará…- Voy a dar clase – dijo con una sonrisa burlona.- ¡Venga ya! – reproché estupefacta – Si no hay nadie.- Lo siento. No me había dado cuenta de que eras un fantasma - ¿Cómo se atrevía? Si bien yo no era una persona violenta, en ese momento me entraron ganas de tirarle la cartera a la cabeza. No sabía por qué, pero tenía la sensación de que no nos íbamos a llevar bien…- No he traído el material. Nadie nos avisó de que las clases se reanudaron – repliqué. Por lo general intentaba siempre sacar las mejores notas, traer el material y nunca crear problemas. Algunos profesores me consideraban una alumna modelo y nunca había suspendido.- ¿Y eso qué tiene que ver? ¿Acaso no es su deber? Además los profesores no tienen porque darles explicaciones de todo.- Siempre traigo el material. Claro siempre que haya un profesor con el que lo pueda utilizar – dije copiando su sonrisa – Y como no había ninguno…- Eres un poco insolente, ¿no? – replicó frunciendo el ceño – Por cierto, aun no me ha dicho su nombre.- Esposito, Mariana Esposito – contesté orgullosa, mientras volvía mis ojos a las páginas de Shakespeare. Pero no pasó mucho tiempo cuando una mano entró en mi campo de visión y me requisó el libro – Muy bien señorita Esposito. Debe entender que yo soy ahora la autoridad en el aula y me debe respeto. De momento tiene retraso. Póngase a hacer tarea de otra asignatura.- Y ¿por qué no me deja leer? Se supone que estamos en clase de Lengua.- Porque esto no es una biblioteca.- Ahí es donde debería haberme quedado – murmuré molesta. Saqué el libro de Historia y me puse a hacer los ejercicios que mandaría para hoy. Vi en mi mochila una revista de moda y la cogí poniéndola delante del libro.
-Ahí es donde debería haberme quedado – murmuré molesta. Saqué el libro de Historia y me puse a hacer los ejercicios que mandaría para hoy. Vi en mi mochila una revista de moda y la cogí poniéndola delante del libro. Todo iba bien y el profesor parecía no darse cuenta hasta que sin querer, se me cayó.Él se acercó a ver lo que pasaba.- En vista de lo mucho que le gusta leer, vaya al despacho del director y léale esta amonestación - ¿amonestación? ¿a mí? Este hombre estaba loco. Iba a estallar, sobre todo cuando vi su sonrisa de satisfacción, pero a duras penas me contuve. Al salir por la puerta mi orgullo salió a flote.- ¿Quiere que le dé recuerdos de su parte al director, profesor Lanzani? – salí dando un gran portazo. Casi nunca me comportaba así en clase, pero este profesor sólo llevaba aquí media hora y ya me había sacado de mis casillas. Mi actitud altiva y orgullosa, declaró la guerra. Pero ninguno sabía lo que eso en verdad significaba…No me hizo falta llegar al despacho del director por que me lo encontré en el camino. Puse mi mejor cara de niña buena y le conté lo que había pasado. Él me dijo que hablaría con mi profesor. ¡Qué fácil era controlar a los adultos! Y más, si primero te ganas si confianza. A veces utilizaba un poco la imagen de niña buena, porque lo único que importaba era sacar notas excelentes para tener una buena beca en la universidad, ya que mis padres tenían muchos gastos.Volví a clase junto con el director, pero no me dejó.
Volví a clase junto con el director, pero no me dejó entrar mientras ellos hablaban.Cuando estuvo por finalizar la primera hora salió. Nos saludamos y entré.- Parece que no hemos empezado con buen pie, señorita Esposito – me dijo – Esta vez se lo voy a pasar porque, según lo que me ha contado el director, es una alumna excepcional. Ya me lo demostrará… Pero la próxima vez no tendré piedad – finalizó entregándome bruscamente mi libro.- Guárdesela – susurré. Antes había dejado llevar. No había pensado en que podía echar a perder todo mi futuro, meticulosamente planeado. Aunque me sentía tan humillada bajo sus ojos son poder devolverle los golpes…- ¿Cómo ha dicho? - preguntó subiendo el volumen de su voz.- La piedad es para los débiles. A mí no me hace falta – seguro que me iba a contestar algo cuando mis compañeros entraron al aula, extrañados de vernos ahí. Casi se podría decir que discutiendo.
- Buenos días – me ignoró y se dirigió al grupo que le miraba expectante – Mi nombre es Juan Pedro Lanzani y, a partir de ahora, voy a ser su profesor de Lengua. De momento tienen falta y nota negativa por no presentarse sin motivo alguno…- Ya le dije que nadie nos avisó – protesté.- Señorita Esposito, ya la he advertido… - y sin más, salió dejándome con la palabra en la boca.Pasé el resto de las horas maldiciéndole en todos los idiomas y maneras que sabía.Mis compañeros me preguntaron y les conté lo que había pasado. Mis amigos no estaban en mi clase, pero aunque era mayores que yo, habían repetido curso.En el recreo se lo conté. Cuando me desahogué, me quedé más tranquila y pude pasar mejor el resto de mis clases.
Capitulo 2
De vuelta a casa me encontré con una nota de mis padres."Lali: tu padre y yo trabajamos hasta tarde. Hay comida en el frigorífico y tu hermano come en la escuela. Pasa a recogerle antes del trabajo y cuídale.Mamá"Perfecto. Mis padres casi nunca estaban en casa y siempre me tocaba a mí cuidar a mi hermano pequeño. Prácticamente le había criado yo. Mis padres trabajaban, los dos, en una compañía de seguros y aunque sus sueldos no eran millonarios, nos manteníamos. Parte de ese dinero se lo daban a mi hermano mayor que estaba estudiando fuera, en la universidad.Por eso decidí buscarme un trabajo y administrarme mi propio dinero. Encontré un puesto en una librería acogedora del centro. Y mi jefe, Gaston, era muy simpático y amable. Y dejaba que mi hermano se quedara conmigo. Cuando no había nadie en la tienda nos poníamos a hacer los deberes y si yo acababa antes que él le ayudaba.Tras leer la nota fui a por mi comida y la calenté. Volví a sacar "Romeo y Julieta" y comí en silencio.A veces, veía la televisión, pero no me llamaba mucho la atención.Llamé a mi madre para decirle que todo iba bien y que me encargaba de Monito, mi hermano.Recogí la mesa y fregué los platos. Iba a adelantar tarea, pero me dolía un poco la cabeza por lo que me puse a leer hasta que tuve que ir a por Monito. No me apetecía llevarme los libros, así que haría los deberes cuando llegase.Como siempre que iba a por él, Monito me estaba esperando con una sonrisa. Él y yo nos parecíamos mucho. Ambos teníamos el pelo castaño , aunque el mío llegaba a media espalda, y los ojos oscuros.Nuestro otro hermano era igual que mi padre: con el pelo rubio y los ojos marrones.Pero en el carácter éramos totalmente distintos. Ellos eran más alegres y extrovertidos. Yo, calmada, tímida y rara vez – como esa mañana – orgullosa. Siempre he creído que era por el hecho de haber criado a Monito. Al principio era muy bonito cuando todos me hacían caso. Luego nació Monito y me dejaron de lado. Yo tenía ocho años y estaba un poco celosa, pero se me pasó al poco tiempo. Ahora, con 17, disfrutaba de mi último año en el instituto.- ¡Hola, hermanita! – me saludó con un beso en la mejilla.- ¡Hola, Monito! – dije mientras cogía su mochila y le daba la mano – Hoy nos toca quedarnos en la librería. Mamá y papá están trabajando – él sólo asintió y fuimos charlando sobre sus clases. Como ambos íbamos a instituciones públicas, y estaban pegadas la una a la otra, en los recreos, a veces, iba a verle.Cerca de la librería hay una tienda enorme de ropa. De vez en cuando iba y miraba qué había. Pero nunca podía comprar nada. ¡Era todo carísimo!Me quedé embobada mirando un vestido que había en el escaparate y no me di cuenta de que Monito seguía andando.Había que cruzar un paso de peatones para llegar a la tienda, y a esta hora el tráfico era tremendo.Al verle más arriba me tranquilicé, pero me duró poco al ver que cruzaba sin mirar y un coche le iba a arroyar.Corrí lo más rápido que pude, pero no llegaba, cuando una mano misteriosa agarró el hombro de mi hermano y lo detuvo.- ¡Monito! – grité para que me oyera, llegando a su altura - ¿Cuántas veces te he dicho que no cruces sin mirar?- Lo siento, Lali – dijo bajando la cabeza y empezando a sollozar. Si es que no me podía enfadar con él – Yo no sabía que no estabas… Perdón.- Tranquilo – le abracé – Ya está… A ver que te limpia esas lágrimas – intenté animarle, mientras buscando mi pañuelo. Pero no lo tenía.- Ten el mío – una voz que se me hizo extrañamente familiar me obligó a mirar a ver quién era… No… La persona a la que menos quería ver. Tomé el pañuelo y le sequé la cara a mi hermano.- Gracias, señor Lanzani – farfullé fastidiada.- ¡Qué casualidad señorita Esposito! ¿No cree? – dijo fingiendo sorpresa – Si no llega a ser por mí ¿qué habría sido del chiquillo? Suerte que lo detuve… - ahí me hartó, sus sandeces me sobrepasaron y… afortunadamente no estábamos el instituto.- ¡No bromeé con esas cosas! – grité. Lo acontecido me había alterado bastante – Si tiene ganas de fastidiar a alguien, hable con su reflejo en el espejo. ¡Pero a mi déjeme en paz!- Aunque no ejerza de profesor, debes tener un mínimo de respeto por las demás personas, mocosa – ¿mocosa? ¿Yo? Hasta aquí hemos llegado…
- Ni aunque fuera el rey del mundo – espeté furiosa. Agarré la mano de Monito y me fui de allí, justo como él había hecho por la mañana, con la palabra en la boca.Cuando llegué a la tienda era un poco tarde y me disculpé del retraso con Gaston. Le expliqué lo sucedido – obviando algunos detalles – y lo entendió perfectamente.Intenté trabajar lo más que pude, para sacarme al maldito profesor de la cabeza.Sin darme cuenta me había metido su pañuelo en el bolsillo. Puse mi mejor mueca de fastidio. Mañana a última hora tendría de devolvérselo… Que lata.
Al meterme en la cama por la noche me sentí agotada y dormí plácidamente deseando que el próximo día fuera mejor.Nunca me acostumbre al irritador sonido del despertador. Le apagué con torpeza y como consecuencia cayó al suelo. Genial. Lo dejé ahí. Ya lo recogería… Me quité el pijama y tomé una ducha, pero el agua caliente se acabó. Como empezábamos el día… Y esto era sólo el preludio de uno de esos días en los que es mejor no levantarse. Tiritando me puse el uniforme: una falda azul marino, una blusa blanca y el suéter azul claro con el emblema del colegio grabado en el pecho.Había hecho lo mismo que cada mañana, pero iba tarde por lo que me salté el desayuno.Mi padre se ofreció a llevarme en coche y acepté.Pasé todo el asqueroso día pensando en como darle el asqueroso pañuelo a Lanzani, hasta que, como un suspiró, llegó su hora.
Capitulo 3
Él apareció por la puerta, con una vestimenta similar a la de ayer.- Bien, puesto que hoy estamos todos, os voy a pasar un cuestionario para ver vuestro nivel – dijo sacando del maletín un grueso tomo de folios. Como yo estaba en primera fila, me ordenó que los repartiera.Cuando lo hice comencé a responder. Era muy sencillo: literatura, gramática, sintaxis…Terminé muy pronto y tras repasarlo un par de veces volví a mi preocupación principal: como darle el pañuelo.Estaba tan concentrada que no me di cuenta cuando apareció detrás de mí y apoyó su mano en mi mesa. Me sobresalté de inmediato e intenté disimularlo para que no se riera.- ¿Algún problema? – me susurró para no desconcentrar al resto de la clase. De repente, tuve un escalofrío… ¿Qué había sido eso? Como pude negué con la cabeza- Sólo estaba repasando – contesté sintiéndome cohibida. Él me miró y señaló una de las frases del tercer ejercicio.- Tienes un fallo – y guiñándome el ojo se fue a atender la duda de una compañera que le había llamado, no sin antes esbozar su sonrisa burlona.Corregí el error pensando en lo de ayer… Debía disculparme. Le había declarado la guerra, sin conocerle. Él ayudó a mi hermano. Y ahora, a mí. Esa actitud no era la mía…Esperé a que el último chico abandonara la clase. Tras entregar el cuestionario podíamos salir porque ya no quedaban más clases.Aun faltaban cinco minutos para que tocara el timbre. El profesor se encontraba leyendo y puse el mío, junto con el pañuelo, en su mesa.- ¿Ya has terminado? – preguntó dejando aparte su libro y mirándome. Qué pregunta más tonta… Ahora vendría lo difícil.- Profesor, discúlpeme – dije mirando lo bonito que eran mis zapatos – Ayer le contesté de malas maneras, encima de que salvo a mi hermano. No volverá a pasar, lo siento.- Vaya, veo que la culpabilidad ha podido con so orgullo, señorita Esposito. Si no fueras tan irresponsable con tus acciones no tendrías que pedir perdón.- ¿Irresponsable? – grité indignada - ¿No puede callarse y aceptar mis disculpas? Usted no me conoce. No sabe cómo soy.- Sólo juzgo lo que veo – me espetó molesto, recogiendo sus cosas – Demuéstreme que es diferente y cambiaré. Por el momento…- Por el momento ¿qué? – le dije desafiante.- Tienes un cero en esta prueba. ¿No lo dije? Contaba para nota.Cabrón. Faltó muy poco para que se lo dijera a la cara. Estaba tan furiosa que lo único que se me ocurrió fue salir de ahí corriendo.No pude dejar el instituto sin evitar las lágrimas, así que entré en el baño a lavarme la cara.¡Vaya día que llevaba! Había suspendido. No me lo podía creer. Lloraba de frustración e impotencia. Estaba segura de que tenía muy buena nota en esa estúpida prueba. ¡Era injusto! Esto no me podía estar pasando a mí. Era como una broma de mal gusto… ¿Dónde estaba la cámara oculta?Cuando llegué a casa, abatida, mi madre lo notó en seguida. Se lo conté y me consoló diciendo algo parecido a lo que ese estúpido dijo.- Lali, las dos sabemos que a veces tienes mal genio. Ya eres adulta y debes aceptar las consecuencias de tus acciones. Dale lo que quiere y te dejará en paz. Si no lo haces siempre puedes ignorar sus comentarios – mi madre nunca se había enfadado conmigo, pero noté un tono de decepción en sus palabras y eso me dolió más que si me hubiera dado todas las voces del mundo.Pasé el resto de la tarde como siempre. Me repetía una y otra vez el consejo de mi madre y le puse en práctica para el resto de sus clases.
Capitulo 4
Al día siguiente tuvimos clase con el profesor Lanzani antes del recreo.- Bien clase – dijo cuando pasó lista – Ya he corregido vuestros ejercicios. Por lo general tenéis un nivel bastante bajo. Excepto algunas excepciones – me miró fijamente – Os los repartiré al final de la clase. Ahora quiero que apuntéis la lista de libros que vais a tener que leer para aprobar – garabateó en la pizarra los títulos. Tenía una letra muy prolija y clara. Era bonita… Entre ellos estaba "Romeo y Julieta". No sé por qué no me sorprendía – Ahora, abrid el libro por la página 80 – y se puso a explicar la lección: las reglas gramaticales. Tema aburrido donde los haya. Me obligué a prestar atención, a tomar notas y contestar correctamente. Se iba a enterar ese de quien era esta niña tan buena.Nos mandó unos ejercicios de práctica que recogería al finalizar la clase, mientras íbamos a su mesa a por las pruebas… Qué huevón ¿No nos los podía traer él?- Esposito – me llamó después de un rato, cuando llegó mi turno. Me levanté lo más indiferentemente que pude y fui hacia su mesa. ¿Por qué no se podía ahorrar el papelón? Si ambos ya sabíamos qué iba a pasar…Ver el cero en mi prueba fue más duro de lo que pensaba sobre todo porque debajo había escrito un diez.- Esa es la nota de tu examen, pero no la que te mereces – dijo con una sonrisa – Ya sabes para la próxima.- Sí, señor Lanzani – musité decepcionada conmigo misma y creo que se dio cuenta.Tras finalizar la entrega de las pruebas, tocó el timbre.- Esposito ¿puedes recoger los ejercicios, por favor? – me pidió amablemente. Yo obedecí mientras los demás salían – Antes de que os vayáis, los que habéis suspendido me tendréis que entregar un trabajo que os daré la semana que viene – recogí las últimas hojas y se las entregué – Gracias. Señorita Esposito, me gustaría hablar contigo. No te quitaré mucho tiempo del recreo.- Dígame.- Usted no tiene que hacer el trabajo sino quiere. Si estudia y se comporta, puedo devolverle a su examen la nota original.- No me parece justo que mis compañeros lo hagan y yo no. Si he suspendido tengo que aceptar las consecuencias – respondí triste… ¡Joder! ¿Por qué no podía contestarle como se merece? Que no me hacía falta su estúpida compasión para aprobar y con excelente nota.- Sólo piénselo.- Sí, señor Lanzani – humillación total…-.-Tras este encuentro que tuvimos, pasé una de las peores semanas de mi vida. Sin duda alguna, el señor Lanzani me había cogido manía. No paraba de molestarme y humillarme en clase. Pero yo seguí el consejo de mi madre y me tragaba todas las contestaciones que se me ocurrían. Aunque aquello parecía motivarlo aun más.Tal como dijo, nos entregó los trabajos para recuperar, haciéndome una última advertencia.- Todavía está a tiempo de retractarse de lo que dijo – dijo sosteniendo el trabajo en sus manos.- Déme ya el maldito trabajo – mascullé apretando los puños bajo la mesa. Que hombre, Dios mío…- Con esa actitud no adelanta nada – ya me daba igual. No era posible que tal sólo una semana hayamos concebido una enemistad tan fuerte. Después de hablar conmigo se dirigió al resto de la clase – El trabajo tiene que estar sobre mi mesa el próximo jueves, es decir, dentro de una semana. No los admitirte después del plazo estipulado. Bien, sacad los cuadernos. Voy a dictaros unos ejercicios.Me volví a obligar a prestarle atención por enésima vez.Agradecí infinitamente que tocara el timbre y pudiera irme a mi casa, donde no estaban el profesor Lanzani ni sus estúpidas provocaciones.Comí en cuanto legué y subí a mi habitación para hacer los deberes. Esa tarde no iba a ir a trabajar ya que Gaston estaba de viaje de negocios.Pasé la tarde, entre otras cosas, haciendo el trabajo de Lengua.Antes de cenar mi madre me pidió que fuera a recoger a mi hermano de su entrenamiento de fútbol, al que recientemente se había a puntado.
Salí a la puerta y vi unas nubes grises muy feas que anunciaban tormenta. No cogí paraguas. Quizás tuviera suerte…Pero camino del estadio me cayó el Segundo Diluvio Universal, con rayos y truenos y todo.Mi hermano estaba refugiado dentro del estadio donde jugaba pero cuando me vio llegar sin nada se echó las manos a la cabeza.Corrimos hasta casa, aunque eso no nos salvó de mojarnos más aun con los malditos coches que nos salpicaban.Al llegar a casa me dí una ducha de agua bien caliente. De esta no saldríamos bien parada.La mañana del día siguiente se anunció igual que el día anterior: lluvia, lluvia y… más lluvia.Me levanté con un terrible dolor de cabeza, y mi hermano igual. Normal. En el desayuno ambos nos tomamos un medicamento y yo me llevé otro para el recreo.Mi padre no me podía llevar en coche, por lo que tuve que ir andando.A pesar de ser la causante de mi principio de resfriado, me gustaba oír como las gotas de lluvia caían en mi paraguas. Llegué a la puerta antes de que tocara el timbre.
Decidía subir a clase de Euge y Cande, mis amigas. Era natural verme por esa clase como si fuera la mía.- ¡Lali! – gritó Euge al verme – Han abierto un nuevo bar en el centro. ¿Te apetece que vayamos a darle el visto bueno?- Podríamos ir primero al cine – sugirió Cande- Si – contesté emocionada – Hace muchos que no salimos a divertirnos.- Con este frío… - al reírme me dio un pinchazo en la sien e hice una mueca de dolor.- ¿Estás bien? – me preguntaron a la vez.- Sí, es sólo que creo que me voy a resfriar.El timbre sonó y yo partí hacia el lugar que me correspondía.No pude evitar preocuparme por Monito. No tenía buen aspecto al salir de casa y tampoco encontré el termómetro para ponérselo.Esa preocupación me acompañó hasta que llegó el recreo y decidí ir a verle para darle la pastilla. Suerte que la había traído.Iba a salir por la puerta del patio cuando un asquerosa y grave voz detuvo mi avance.- Está prohibido salir del recinto escolar sin permiso, Esposito – como no… ¿sólo vivía para fastidiarme? Otro pinchazo en la cabeza. No tenía tiempo para este imbécil. La cabeza me estaba empezando a doler cada vez más.- Mire – le hice entender por las buenas – no voy a escaparme ni nada. Sólo voy a salir. Sólo voy al colegio de mi hermano que está allí detrás – señalé con el dedo, hastiada – a darle una pastilla.
¿Ahora quieres drogarlo? La gente no se debe automedicar – me explicó como si le dijera a un niño pequeño que no se puede beber el bote de lejía.- He intentado ser amable con usted, incluso ignorarlo ¿por qué no me deja en paz y se mete en sus asuntos?- Ya vuelves a sonar como una chiquilla malcriada. El lunes te quedas sin recreo. Ven al departamento de Lengua. Ya veremos como matamos el tiempo…- ¡Más quisiera! – y me largué. Pero no duró mucho, porque me agarró del brazo impidiendo mi avance – Suélteme… - yo me retorcía intentando escapar, pero ninguno daba "mi brazo" a torcer y cada vez apretaba más fuerte para que no me fuera – Me hace daño.- ¿Qué ocurre? – preguntó la señora Calvo, la profesora de Arte. ¿De dónde había aparecido mi ángel salvador?- Nada – respondió el señor Lanzani – He sorprendido a esta alumna intentando fugarse. Esta prohibido salir, pero no me ha hecho caso.- ¡Mentira! – negué presa del dolor de cabeza. Otro punto en mi contra. La agitación del momento había revuelto mis neuronas y cada vez me dolía más – Sólo quiero ir al colegio para darle las pastillas a mi hermano. Está resfriado y si no se las toma puede empeorar – la profesora lo meditó. Lanzani me había soltado, pero no se despegaba de mí, ni con una espátula.
Señor Lanzani, si tanto le preocupa, acompáñela. Así si esas no son sus intenciones… - dejó la idea en el aire. ¿Qué había dicho de ángel salvador? Más bien parecía un demonio compinchado con el jefe del clan, a escasos metros de mí y que pretendía acompañarme… ¡Eso si que no! Por mucho que proteste, rogué, pataleé, grité y me humillé, no cambiaron de idea. En fin, que le íbamos a hacer. Todo por un bien mayor.Llegamos a la reja que delimitaba el colegio y el instituto, donde mi hermano y su grupo de amiguitos se solían poner. Vi su pelo revuelto por el viento y le llamé.- ¡Monito! – él se dio la vuelta y me saludó. Ahí fue cuando me di cuenta de que algo no iba bien. Tenía los ojos llorosos y la cara pálida. Parecía que le costaba andar - ¿Cómo estás?- Bien aunque me duele un poco la cabeza – me dijo. Le toqué la frente para comprobar su estado. ¡Estaba ardiendo!- Monito, tienes fiebre – declaré asustada. Todo era por mi culpa – De momento tómate esto – le entregué la pastilla - Le diré a mamá que venga a por ti – sin acordarme del molesto profesor saqué el móvil y marqué el número de mi madre.- Esposito está prohibido traer el móvil a clase – tardaba mucho en rechistar. ¿Qué se sabía todo el reglamento interno del instituto?- Me da igual. Es mi hermano y no voy a permitir que ande por ahí enfermo. Sí, mamá… - la expliqué todo lo sucedido.- Lali, no hace falta de verdad. Estoy…
Estás enfermo. No discutas. Mamá vendrá pronto a buscarte. Dile a algún profesor que viene a por ti y que te pongan un termómetro.- Esposito, el recreo está por terminar – replicó Lanzani tocando su reloj.- Pues váyase…- ¡Esposito!-¡Lali – dijeron mis dos acompañantes a la vez ¿Estaban compinchados? ¿Qué hacía Monito riñéndome delante del profesor? – Así no se habla a los profesores. Disculpe a mi hermana. A veces es un poco burra…- Monito ¿quieres acabar en el hospital? – pregunté apretando los dientes. Él negó – Pues vete.Obedeció y me fui con mi "amable, comprensivo y educado" profesor. Con un "no se olvide del castigo" se desperdigó entre el resto de personas que pululaba por el instituto.En el fin de semana fuimos al bar nuevo. Era una pasada. Además acabé de coger el resfriado junto con Monito, pero yo tuve más suerte.
En el fin de semana fuimos al bar nuevo. Era una pasada. Además acabé de coger el resfriado junto con Monito, pero yo tuve más suerte.El lunes llegó y con él, todas mis obligaciones, incluida el castigo con Lanzani.Resignada entré a cumplir sentencia en el departamento de Lengua. Toqué la puerta y él me abrió haciendo un ademán con la mano para que pasase.Me senté junto a su mesa y me dio tres tacos de folios y un aparato para quitar grapas.- Tu castigo será quitar las grapas de todos estos folios para poder reciclarlos mejor – miré espantada la tortura medieval a la que me iban a someter, pero sin quejarme me puse manos a la obra, mientras hacia una montaña en la mesa con las grapas que iba quitando. A lo mejor podría hacerme un collar con ellas… El profesor se puso a corregir con gesto serio.
Capitulo 5
Me senté junto a su mesa y me dio tres tacos de folios y un aparato para quitar grapas.- Tu castigo será quitar las grapas de todos estos folios para poder reciclarlos mejor – miré espantada la tortura medieval a la que me iban a someter, pero sin quejarme me puse manos a la obra, mientras hacia una montaña en la mesa con las grapas que iba quitando. A lo mejor podría hacerme un collar con ellas… El profesor se puso a corregir con gesto serio.- ¡Ah! – dije tan de repente, que le desconcentré y pegó un bote en la silla. Saqué de mi mochila el trabajo – Se me olvidaba. Ya lo he terminado – él sólo lo recogió y lo puso en una pila de papeles.- Eres muy rápida – comentó simplemente, removiéndose incómodo en su silla. No se le notaba especialmente emocionado ante la idea de compartir esta divertida y apasionante hora quitando grapas conmigo. Que se aguante… - Por cierto, ¿cómo está tu hermano?- Ahora mejor. Aunque mi madre no le ha dejado ir al colegio todavía, no vaya a ser que contagie a alguien más – me dio pena que mamá tampoco me hubiera dejad traérmele al castigo…- Ya veo – pasamos un rato en silencio… incómodos - ¿Qué vas a hacer con tu vida?- ¿Cómo dice? – pregunté extrañada. Me pilló por sorpresa.- ¿Qué esperas hacer en un futuro? No creo que te quieras quedar en el instituto para siempre.- Sí, con usted – murmuré para mi misma – Voy a ser adivina – respondí irónica – para averiguar el número de la lotería y hacerme millonaria. Aunque si ese plan no funciona me gustaría hacer alguna carrera en la universidad.- ¿Qué carrera? – preguntó dejando a parte lo que corregía.- Aun no lo sé. Son demasiadas y no estoy muy decidida por ninguna especialidad en concreto.- Mi asignatura se te da muy bien. Podrías pensarlo… Aunque con ese carácter – susurró.- Tranquilo, no te haré la competencia… todavía.- No creo que haya competencia de ningún tipo, señorita Esposito.- Déjeme – ya empezábamos ¿no podíamos mantener una conversación sutil, adulta y civilizada? – Usted no me conoce.- Siempre anda con el mismo cuento – exclamó volviendo a su corrección.- Sólo por que usted me lo recuerda.Al finalizar el recreo solté las cosas y me fui.- No se olvide de volver mañana… Esas grapas no van a quitarse solas – cerré la puerta a su sonrisa sarcástica, pensando que era mejor utilizar clips.Ese mismo día el profesor Lanzani informó a mis padres del castigo por teléfono.Cuando llegué a casa, no sabía la sorpresa que me esperaba…- Lali – dijo mi madre con gesto serio – siéntate. Tenemos que hablar – yo hice lo que me pidió extrañada.- Verás hija – comenzó mi madre – Hemos recibido quejas de tu profesor de Lengua. Nos ha dicho que, aunque prestas atención en clase y muestras algo de interés por la materia, molestas e incluso hoy ha llegado a castigarte. ¿Tienes algún problema? Tus profesores nunca han tenido quejas tuyas, hija.- No – respondí – es sólo que el señor Lanzani y yo no nos llevamos bien. Hemos empezado con mal pie, pero no volverá a pasar.- Ya veo, Lali – siguió mi madre – Nosotros siempre hemos respetado tu intimidad y te hemos dado libertas, pero tu profesor nos ha contado que le respondes mal en clase y no respetas su autoridad en el aula.- ¡Eso es mentira! – grité – Ese hombre os ha estado llenando la cabeza de tonterías. Lleva haciéndome la vida imposible desde que llegó. Me critica, me humilla y me castiga sin motivo. Siempre he respetado a los profesores. No veis que no soy capaz de hacer lo que el dice, joder… - ups… me pasé.- ¡Lali! Ese no es comportamiento para alguien de tu edad.- Pero papá…- No me repliques. No quiero que vuelvas a emplear ese lenguaje ¡Estas castigada! Esto está llegando muy lejos ¡De momento te quedas sin salir! Sube a tu habitación.- Si hombre – espeté – como si estuviera todavía en la guardería – los miré, pero iban muy enserio – No pienso cumplir ningún castigo.- Mientras estés en mi casa harás lo que yo te diga – enfurecida tomé mis cosas y subí a mi cuarto dando un gran portazo.Y todo por culpa de ese… hombre. ¿Por qué tuvo que venir y poner mi mundo patas arriba?Ni siquiera atendí a Monito cuando tocó mi puerta. Serían las 21:00 cuando, sin cenar y tampoco sin comer, me puse el pijama y me acosté.
Capitulo 6.
Me levanté mareada. La cabeza me daba vueltas y el cuerpo me pesaba. Aun así me arregle y me fui al colegio. Pasé de desayunar, tan sólo por no ver a mis padres. Caminaba lentamente y mi mochila pesaba más de la cuenta. Daba igual. Tenía que llegar a tiempo ya que a primera hora tenía con mi "profesor favorito". Oí como tocaba el timbre antes de llegar al instituto casi sin fuerzas. Tenía la impresión de que me iba a caer en cualquier momento, por que mis piernas casi no soportaban mi peso.No sé como eché a correr, pero para cuando llegué a clase él ya estaba allí.- Esposito – dijo sin mirarme – Tienes retraso.- Dígame – le contesté parada y apoyada, disimuladamente, en el marco de la puerta para no caerme pero empezaba a ver borroso. Maldita carrera, maldito Lanzani… - ¿va a notificárselo también a mis padres? – estaba a punto de montar un numerito en clase, pero me daba igual. Me llevé la mano a la cabeza, sosteniéndola. Uf… Vaya vértigo…- ¿Se encuentra bien? – creo que me preguntó mi amigo el profesor – Le he hecho una pregunta.Me iba a retirar orgullosamente a mi sitio cuando, al soltarme del apoyo de la puerta, tropecé hacia delante. Ya esperaba el frío y duro suelo en mis narices. Sólo sentí unos brazos deteniéndome. Luego todo fue oscuridad…Desperté en la enfermería, según me dijeron, un par de horas después. Estaba tumbada en la cama con algo fresquito en la frente. Todavía no abría los ojos. Se estaba tan a gustito así… Escuchaba unas voces, simples murmullos, pero no me sabía de donde estaba. Me removí entre las sábanas, abrí los ojos y pude ver a mi profesor de Lengua con una enfermera. Al moverme descubrí que de mi cabeza cayó aquella cosa fresca y húmeda que era sólo una toalla mojada.En cuanto vieron que reaccionaba, se acercaron preocupados a verme.-¿Cómo te encuentras? – me preguntaron ambos a la vez.- Bien aunque algo mareada – observé el lugar, pocas veces había estado allí – y desorientada. ¿Qué hago aquí?- Te desmayaste al entrar en clase ¿lo recuerdas? – me dijo Lanzani. No estaba segura pero asentí igualmente.- ¿Has sufrido mareos recientemente? – cuestionó la enfermera, apuntando cosas en un folio.- No.- ¿Te has sentido fatigada o cansada?- No.- ¿Has estado enferma?- No, sólo un simple resfriado.- ¿Tienes novio? – preguntó mirándome suspicaz. Yo me ruboricé al captar su idea – Es muy normal que a vuestra edad se comentan irresponsabilidades, pero…- ¡No estoy embarazada! – dije escuchando las risas de fondo de Lanzani.- ¿Has… - por Dios. ¿Cuándo acaba? Es ese momento mis tripas rugieron de forma atronadora. Yo me ruboricé más, si es que eso era posible. Eso me recordaba que… - ¿Cuánto tiempo hace que no comes?- Yo… - empecé a contar – Desde antesdeayer – contesté escondiendo parte de mi cara bajo las sábanas. La enfermera salió murmurando un "ahora vuelvo" que dándome a solas con el profesor.
Yo… - empecé a contar – Desde antesdeayer – contesté escondiendo parte de mi cara bajo las sábanas. La enfermera salió murmurando un "ahora vuelvo" que dándome a solas con el profesor.- ¿Por qué no comes? – se moría por hacerme esa pregunta. Era evidente…- Fue por su culpa – contesté recordando, peor mirando hacia otro lado a la vez – Ayer cuando llegué a casa, mis padres me estaban esperando. Me echaron una bronca del quince. Ellos nunca, en la vida me habían hablado así y mucho menos me habían castigado. No quería hablar con ellos y no bajé a cenar, pero… ¿Por qué le estoy contando esto? Déjeme ¿No tendría que estar en clase? Es su deber.- Estaba preocupado – y yo atónita. No tuve nada con lo que responder a eso – No pretendía que te castigaran, además ahora no tengo que dar clase - ¿y por qué me contaba a mí esto? Bah… No me importa.La enfermera interrumpió fuertemente con una mujer pelirroja que reconocí como la psicóloga del instituto, la señorita Hope. Que mal rollo…- Lali, has tenido una bajada de tensión debida a la nula ingesta de comida - informó la doctora. Qué novedad… - Toma – me tendió una chocolatina – Ahora vas a hablar con la señorita Hope y luego irás a casa. Si hace falta, podemos llamar a tus padres – la miré más que extrañada, levantándome de la cama.
Lali, ya sabemos la importancia que le dais las chicas al físico. Pero algunas medidas son demasiado drásticas y pueden convertirse en enfermedades…- Pare, pare, ¡pare! – la corté gesticulando exageradamente con las manos. Tomé mi chaqueta y mi mochila. Tenía que salir pitando de allí, antes de que me pusieran la camisa de fuerza – Yo estoy muy a gusto conmigo misma y me importa muy poco lo que los demás digan de mí. También sé que soy lo suficientemente adulta como para no hacer esas chiquilladas. Si no comí, fue por que discutí con mis padres y no quería verles. Ahora si me permitís. – caminé hasta la puerta, pero la psicóloga me detuvo.- El primer paso es aceptarlo. Y con esa reacción…- ¡Por Dios! ¡Ni que fuera alcohólica! – grité exasperada. Ella si que necesitaba un manicomio urgentemente.- Señoras – intervino el profesor Lanzani que hasta ahora había permanecido callado, disfrutando del espectáculo – No la presione. Yo creo que está perfectamente. No obstante, déjenme hablar a mí con ella – ambas aceptaron. Por fin le encontraba la utilidad… - Esposito, ven conmigo – le seguí irremediablemente hasta el departamento de Lengua. Entré y le miré expectante ¿Qué pensaba hacer? Agarró unos papeles y los firmó.
A veces las mujeres os preocupáis excesivamente y veis cosas donde no las hay. Toma. Un parte de salida. Vete a casa y come algo. Mejor si tiene azúcar. Te recuperarás antes. Y luego duerme. Si quieres llamo a tus padres para que no se preocupen. Además si no lo hago la psicóloga lo hará, les contará su versión y les dirá que te vigilen.- ¿Algo más doctor? – pregunté cogiendo el parte.- Mm… Estudia de la página 120 a la 140 del libro para el jueves. Quizá haya examen – rió sarcásticamente, pero a la vez con sinceridad… ¿Cómo puede ser eso? – O puede que no – le miré suspicaz.- Gracias por todo.- A lo tonto ha perdido clase – comentó- Ya las recuperaré.- Más le vale – en ese momento tocó el timbre del recreo – Venga… ¡váyase!Salí de allí riendo a carcajada limpia.Llegué a casa muerta de hambre y vi qué había en la nevera. No me esmeré mucho y comí lo primero que pillé. Cuando mi tripita estuvo felizmente llena, dormí de un tirón hasta que un zarandeo me despertó.Era Monito. Una compañera me había traído los deberes. Los metí en mi mochila. Como eran las cuatro y media decidí ir a trabajar.
Capitulo 7.Mis padres estaban en el salón, enterados de todo. No me dijeron gran cosa, sólo me pidieron perdón. Antes de salir de casa tomé una manzana bien verde y me la fui comiendo por el camino.- ¡Hola Gas! – saludé abriendo la puerta de la librería.- ¡Hola niña! – mi jefe apareció cargada de cajas que depositó en el mostrador – Tu madre acaba de llamar. Si te sientes mal puede encargarme yo solo de la tienda.- Gaston, tranquilo, estoy bien. Si me encuentro peor te lo diré – me fijé en las cajas emocionada - ¿Ha llegado cargamento nuevo? – me encantaba desempacar y tirarme las tardes muertas colocando los libros en su sitio.- Sí, pero a ti te toca mostrador – me quejé – Si tu madre se entera de que se te ha ido la cabeza y te has roto una pierna por caerte desde la escalera… No quiero ni imaginármelo – qué trágico ¿no? – Además tengo una sorpresa para ti – dejó las cosas en el suelo. Me tendió una cajita mientras me sentaba en la silla que había detrás del mostrador. Era un conjunto de llaves. Le miré interrogante - ¿Ahora quieres que vivamos juntos?- Sólo de ti me podrías esperar esa respuesta… Son las llaves de la tienda. Mira que es una responsabilidad muy grande – le estrujé en un abrazo de oso.- No te fallaré – tras este tierno momento nos pusimos a trabajar. Cada vez que alguien entraba dejaba a un lado mis deberes para atenderle con una sonrisa Después de dos horas había terminado los de Historia y Arte. Quedé horrorizada cuando vi los de Música, mi optativa: había que escribir una canción… ¡y cantarla en clase!Volví a sentirme un poco mareada. No tenía comida y si se lo decía a Gaston me mandaría de cabeza a casa. Me tanteé los bolsillos, pero nada. Probé suerte con la mochila y allí estaba la chocolatina que me había dado la loca de la enfermera. Serviría… La abrí y empecé a componer.Tampoco me estaba quedando tan mal, al parecer. Me preguntaba cómo sonaría. Ningún cliente daba señales de vida, así que con una melodía inventada comencé a cantarla."Cada vez te siento más cerca de vos me enamoro & lo guardo en mi piel, siento como un esclofrío, yo kiero acercarme pero vos no me ves, voy perdida ya no sé qué hacer, sé que tengo que actuar, pero me vence latimidez. El mundo sabrá k te kiero, tengo k animarme esta vez..Escaparé contigo para siempre, te cuidaré & te enseñaré a kererme..." – me detuve al escuchar aplausos. ¿Cuando se había abierto la puerta? Mi sorpresa fue mayor cuando vi al mismísimo Juan Pedro Lanzani entrar a la tienda.- No se corte – me dijo a modo de saludo – Siga cantando.- Ya no tengo más letra – le contesté pegándole otro muerdo a la chocolatina. Estaba buena…- ¿Ensayando para algún casting?- No, haciendo deberes para recuperar clases – agité las hojas para recogerlas, pero la de la bendita canción salió volando aterrizando a sus pies.- Canta bien.- Gracias – recogí el folio que me tendía.- Por cierto, te veo mucho mejor. Menos mal que me hiciste caso – comentó con un tono de suficiencia que comenzó a irritarme. Y hoy no estaba para bromas.- ¿Quiere algo? – a ver si se iba ya…- ¿Trabaja aquí?No – contesté sarcástica – sólo estoy de exposición en el mostrador. ¡Aproveche! Dentro de unas horas me iré a mi casa… Si trabajo aquí y si no le importa podría darse prisa. No estoy como para perder el tiempo con usted.- Quería un ejemplar de Mitología y Leyendas.- Espere, lo consultaré – lo busqué en el ordenador y vi que era uno de los libros que Gaston estaba colocando - ¡Gas!- ¿Algún problema? – preguntó mi profesor.- Ninguno – se me había pasado por la cabeza decirle que Gaston los estaba ordenando, pero no tenía por que darle explicaciones.- Dime, Lali – dijo Gaston apareciendo cargado de libros.- El señor Lanzani necesita Mitología y Leyendas ¿Ya lo has sacado? – él miró sus manos y me entregó un libro muy grueso – Vaya. Si que le gusta leer… El libro no es precisamente una finura.- Sí, en vez de Romeo y Julieta he pensado que os le podríais leer – comentó mientras le cobraba. Yo empalidecí – Era broma, Esposito.- Ups… No hay cambio ¡Gas!- ¿Ahora qué?
- No hay cambio – él llegó enseguida, pero se quedo contemplando la cara de mi profesor – Tierra llamando a Gaston… Llamada denegada.- ¿Juan Pedro? – preguntó con su cara iluminada. Mi profesor le miró también intentando adivinar algo. Esto me olía muy mal. - ¿Peter? – y eso peor…- ¡Gas eres tú! – eso ya... Ni qué decir tiene - ¡Cuánto tiempo! ¿Qué ha sido de tu vida? – que "tierno" reencuentro… ¿Reencuentro?- ¡Parad! ¿Os conocéis? – asintieron – Ahora si me voy a desmayar.- Somos amigos – explicó mi jefe – Empezamos a estudiar junto la carrera, pero yo la dejé y él siguió – después de la escueta explicación, ambos siguieron hablando sobre idioteces del pasado que no escuché – Lali a que no te importa encargarte de la tienda hasta la hora de cerrar, ¿a que no? Es que nos vamos a tomar algo…- ¡Traidor! ¡Te has pasado al lado oscuro! – protesté – Ese – señalé a mi profesor – no se merece ni…- Y vosotros ¿de qué is conocéis?- Es mi profesor – espeté cabreada…- Es mi alumna – oh vaya ¿será casualidad? que listo es mi profesor.