lunes, 28 de diciembre de 2009

Odio Literatura


ODIO LITERATURA:

Capitulos: 9,10,11,12,13 & 14 {lo posteo todos junto}


Ojalá no le hubiese dicho absolutamente nada, porque eso empeoró todo. Me molestaba más que de costumbre, me suspendía exámenes más que aprobados y se podían contar casi con los dedos de las manos los días que no me había quedado sin recreo quitando grapas. Estaba harta de esta situación. Para la cual no ayudaba que mi profesor se pasara tarde sí y tarde también recordando viejos tiempo con Gas en la librería.Me estaba destruyendo y lo más extraño de todo era que no me disgustaba. Siempre estábamos alerta para atacar y siempre acababa en el despacho del director por culpa de mi "viperina lengua" como la había llamado en algunas ocasiones. Mis padres no sabían que hacer conmigo. Por que fueron notificados de cada uno de mis castigos personalmente por el señor Lanzani.Pero lo peor llegó las últimas semanas de clases, antes de las vacaciones de Navidad.Ese día teníamos examen final de Lengua.Todos mis compañeros estaban agobiados repasando los apuntes que el tonto de Lanzani nos había dado, los mismos que ni había mirado. ¿Para qué? Si ya sabía lo que iba a pasar.Inmediatamente después de tocar el timbre, apareció el profesor. Qué hombre tan puntual…- Recoged todas las cosas – dijo yendo por cada mesa. Buenos días a usted también profesor – No quiero ver nada sobre vuestras mesas. No empecéis hasta que todos tengáis el examen. Si tenéis alguna duda levantad la mano y os atenderé. Si veo a alguien copiando, que se despida de sus vacaciones – finalizó entregándome el último papel – Empezad.Yo escribí mi nombre y me quedé mirando al profesor. Nunca me había fijado en lo bonito que eran sus ojos… ¡¿Qué estaba pensando?! Era mentira. Yo no había pensado eso. Había sido mi subconsciente que se había ablandado por una comedia romántica que vi el otro día en el cine. Si era eso… Los ojos del profesor se encontraron con los míos. ¿Por qué mi corazón se había puesto a latir tan rápido?- ¿Algún problema Esposito? – preguntó.- No – negué bajando la cabeza ruborizada. Me puse a leer las preguntas del examen y pensé en renunciar al plan que me había formado; pero luego vi como sonreía sarcásticamente mientras seguía con la lectura que había interrumpido. Apreté los puños conteniendo la ira. Era el momento. No habían pasado ni diez minutos desde el inicio de la clase cuando me levanté y entregué mi examen al profesor.- ¿Qué hace señorita Esposito? Su examen está en blanco.- Le estoy dando un auténtico motivo para que me suspenda, me castigue y llame a mis padres – contesté lo más tranquila posible, saliendo de clase. Se me olvidó coger la mochila, pero daba igual. No iba a volver a entrar. Me temblaban las piernas y tenía un nudo en la garganta. Sólo se me ocurrió ir al baño de mujeres. Apoyé la espalda en la pared y me dejé caer. Envolví las rodillas con mis manos, escondiendo entre ellas la cabeza. Entonces el llanto vino solo. ¿Por qué no podía parar de llorar? ¡Ah, si! Porque había arruinado mi vida. Ya no podría ir a la universidad. No sé cuanto tiempo estuve sola allí, pero no quería salir. Escuché pasos acercándose. Como fuera él, me lo cargaba…- Esposito… - me llamó el profesor Lanzani con voz cansada, pero yo no contesté – Esposito vuelve a clase y retome su examen.- ¡No! – le miré. Estaba arrodillado a mi altura.- Te estoy dando otra oportunidad. Sé que puedes hacerlo.- ¡Pues no quiero! – grité aunque ya no hacía nada por ocultar mis lágrimas – Ya ¿para qué? Mis notas han empeorado ¡Y todo por su culpa! ¿Se divierte? ¿Le hace gracia ver como los demás se ríen de mí? ¿Es tan gracioso haber destruido mi futuro? ¿Se reirá cada vez que me vea trabajando limpiando escaleras en vez de con una buena beca en la universidad? ¡Dígame! ¿¡Lo hará!? – ya lo había soltado, pero no me sentía mejor, todo lo contrario… ¿sería por ver la culpabilidad pintada de verde en sus ojos?- Yo no pretendía eso – admitió mirándome – Sólo quería que te esforzaras aun más. Fue idea del director. Él quería aprovechar tu potencial para mejorar el status del instituto. Pero yo no supe canalizarlo y lo siento.- Por mucho que le perdone, nadie va a cambiar lo que ha pasado. Pero no puedo culparle. Ya todo da igual. Tendré que dejar el instituto y buscar otro trabajo.- Pero no puedes dejar de estudiar – exclamó Lanzani.- Mis padres me lo advirtieron. No iba a estar mantenida. Si no sacaba buenas notas, me pondría a trabajar. Y desde que usted llegó, desde que todo esto comenzó me lo repiten cada día – me asusté porque tocó el timbre. Ya era hora de irse a casa, pero nuestra conversación no había acabado.- Yo buscaré la forma de convencer a tus padres. Te lo prometo – le miré enternecida. Él sólo limpio con delicadeza las pocas lágrimas que me quedaban – Vamos a clase, Lali – me tendió la mano, ayudándome a levantarme.Aquella fue la primera vez que pensé que quizás me había equivocado…Fuimos caminando en silencio hasta el aula, ya no quedaba nadie. Solamente él y yo… ¿Por qué sentía cierto nerviosismo ante esta perspectiva? Últimamente, tenía bastantes preguntas sin responder.- ¿Ha dejado a mis compañeros solos haciendo el examen? – pregunté curiosa, cuando entramos en clase.- No – rió – estaban con el profesor de guardia – su maletín aguardaba encima de la mesa, junto con los exámenes. Levantó el mío de entre el montón - ¿De verdad no quieres hacerlo? Estoy seguro de que te sabes las preguntas.- No sería justo.- Pues, entonces, esto será lo que haremos – comentó acercándose más a mí – Mañana recibirás una citación. Diles a tus padres que te ha ido mal en este examen. El viernes en la hora de tutoría hablaré con ellos. Pero es muy importante que te comportes como siempre, como si no hubiéramos tenido esta conversación. Échale un poquito de teatro. Te prometo que al final recuperarás la asignatura.- ¿De qué modo?- Pues…

Llegué a casa más tarde de lo normal.- ¿Lali? ¿Por qué vienes tan tarde? – preguntó mi madre.- Tenía examen de Lengua a última hora. Me surgió un problema y el profesor me dejó quedarme un rato más.- ¿Qué problema? – siguió suspicaz mientras me sentaba a comer.- Se… Se me reventó el bolígrafo y tuve que repetir todo lo había escrito – suspiré… Uf. Nunca se me había ocurrido una mentira tan rápido. No les iba a hacer nada de gracia la bendita citación, porque cuando vine de clase el jueves mis padres me esperaban en el salón cruzados de brazo. En cuanto introduje las llaves en la cerradura, supe que había llegado el momento.- Mariana Esposito – me llamó mi padre por mi nombre completo. Mal presagio. Caminé hacia ellos resignada…Por el camino recordé las palabras del profesor "Échale un poquito de teatro. Te prometo que al final recuperarás la asignatura."- ¿Para qué nos ha mandado tu profesor esta citación?- Ayer no me fue muy bien en el examen y quiere hablar con vosotros – respondí tímida, mirándome los zapatos – Pero…- Lali te advertimos que si no te comportabas, te sacaríamos del instituto.- ¡Papá! Yo lo he intentado. De veras que lo he hecho, pero el profesor Lanzani es muy duro y yo me he matado estudiando y ya… no sé que hacer – comencé a sollozar, seguro que unas lágrimas de cocodrilo les ablandarían – Y de verdad que nadie se ha esforzado más que yo y me duele no poder sacar la asignatura después de todo lo que he trabajado… - cubrí mi cara con las manos, en parte para intentar no reírme. Mi madre se acercó y me rodeó los hombros.- Santiago – dijo mi madre – Debemos confiar en ella. Siempre ha sabido como salir de los apuros – mi padre lo meditó unos minutos.- Hasta ahora nos has demostrado que eres muy responsable. Achacaré tu descuido a la edad. Estas en un periodo de descontrol y sinceramente. Creía que iba a ser peor. Pero te advierto que no volveré a dar mi brazo a torcer. Además ayer vi que en la pescadería necesitaban un ayudante – yo tragué saliva y di las gracias a mi público por mi mejor actuación.El día transcurrió normal. Pensé que si de verdad lo de mis estudios salía mal, encontraría un papel en el mundo del espectáculo. Reí ante la idea.Mañana sería un día. A parte, tenía el último examen de Historia. Aunque en Lengua fuera tan mal, me seguía manteniendo.Después de cenar fui a dormir. Aunque no había hecho nada fuera de lo común, me sentía agotada.Desperté presa del nerviosismo. ¿Saldría todo bien?Confiaba en el profesor, pero no en mí misma. No estaba segura de si sería capaz.Llegué a clase como siempre. Me centré en prestar atención, pero era imposible. Mi mente estaba en la última hora y en el profesor Lanzani.De repente, me encontré recogiendo mis cosas para dirigirme al departamento de Lengua. ¿Cómo había pasado tan rápido el tiempo?Por el camino me encontré a mis padres y fuimos juntos en silencio.El profesor no tardó en llegar. Mis padres entraron primero. Él me cedió el paso, mientras me guiñaba el ojo. Yo le sonreí y todos mis temores se disiparon. Cuando le vi doblar la esquina del pasillo, supe que nada iba a salir mal. Su sola presencia me tranquilizaba. Ya ni siquiera estaba nerviosa…Sonreí aun más cuando vi las grapas que había quitado. Le había pedido al profesor que me las guardase. Él accedió extrañado. Volví al mundo cuando me senté en la silla entre mis padres y con el profesor de frente.- Señores Esposito – comenzó con su voz tas grave y aterciopelada. Suspiré sin darme cuenta – soy conciente de que muchas veces los alumnos no se acostumbran a un profesor. No es culpa de nadie, simplemente pasa. Es el caso de su hija. Ella y yo hemos tenido nuestras diferencias y ha afectado al rendimiento de Lali en la materia. Sé perfectamente de lo que su hija es capaz – tomó un folio de una carpeta y se lo paso a mis padres. Era un examen de esos que él me había suspendido. Ese no era el examen final…Pero ellos no lo sabían – Hay días mejores que otros. Los nervios a veces nos juegan malas pasadas y esta vez le fallaron a la niña, aunque no fue lo único – casi sonreí al escuchar eso. Le había contado mi mentira del bolígrafo para tener una coartada y para que m encubriera – Lali tiene un gran futuro, pero no por ello podemos aprobarla. Por eso voy a darle otra oportunidad. Durante las vacaciones podrá tomar clases complementarias conmigo. Solo serían tres horas y al final le tomaré un examen. Si le aprueba, aquí no ha pasado nada. Pero yo no puedo hacer más por ella… Si están de acuerdo, por su puesto – finalizó. Me había quedado embelesada con su discurso mirándole, absorbiendo cada palabra. Me encontraba cono flotando hasta que escuché la voz de mi padre.- Me parece correcto. Esta niña merece un castigo y si no ha trabajado durante el curso, lo lógico es que lo haga en vacaciones.- ¡Si hombre! – yo ya lo sabía, pero debía protestar; si no sería demasiado sospechoso… - Eso es una injusticia. No podéis decidir por mí. Profesor, no pienso venir en vacaciones. Me parece…- Lali – me cortó con una sonrisa sarcásticamente ¿encantadora? Me podía imaginar lo que venía ahora – No estamos pidiendo tu opinión. Será de 10:00 a 13:00. No es un gran sacrificio ¿verdad? – me enfurruñé teatralmente. La charla siguió hasta que tocó el timbre y nos fuimos. Al salir la mano del profesor rozó con la mía y no supe por qué pero… me ruboricé.Las vacaciones empezaban dentro de dos semanas y no sabía porqué estaba impaciente porque comenzaran.¿Qué ocurriría?Miré apesadumbrada por la ventana del autobús. Era el primer día de las vacaciones y, aunque interiormente anhelaba este momento, me fastidiaba ver a la gente caminar tranquilos y sin nada que hacer.- La última oportunidad – había dicho mi padre antes de que yo saliera de casa.Volví a la realidad cuando el autobús paró. Suspiré resignada y seguí mi camino.El instituto estaba casi desierto. Giré en uno de los pasillos para dirigirme al departamento de Lengua, donde había quedado con el profesor Lanzani.Casi huyo espantada de allí cuando me encontré con la "flor y nata" del instituto en la puerta del departamento.Era un grupo de seis chicos y ni rastro de chicas, salvo yo… Genial. Viva la inteligencia masculina.La mayoría eran repetidores, como Agustin y Nacho, pero ellos este año se lo estaban tomando en serio.No tenía ganas de compartir clases con esa gente. ¿Había que juntarse con la plebe?Al hacer la aparición estelar, todos se giraron a mirarme. Reconocí a un par de mi clase. De aquí no podía salir nada bueno…- Vaya – dijo Pablo como-se-apellide, quien parecía ser el cabecilla del grupo – La señorita Esposito ha decidido hacernos una visita.- Déjame – le contesté. No se me daba muy bien lidiar con adolescente con aspiraciones dominantes. No sabía controlar la situación. Y esta era de una esas situaciones. ¿Dónde estaba la puntualidad del señor Lanzani cuando se requería? Pablo me interceptó, cortándome el paso, aunque yo no me dirigía a ninguna parte. Sólo quería salir de ahí.- ¿Y si no lo hago? – retrocedí instintivamente empezando a asustarme – Estás más guapa así… Verdaderamente el uniforme escolar es un estorbo – todo su grupito rió la estúpida broma… Dios. ¡Parecían gorilas! Repasé mentalmente la ropa que llevaba, ya que no nos obligaban a traer el uniforme. Me había puesto una falda vaquera por encima de las rodillas, una camisa blanca y una chaqueta azul marino. Como había venido en autobús, no me preocupaba el frío. Era una cosa que aguantaba bastante bien. Pero no había contado yo con este pequeño inconveniente… El próximo día me vendré con el hábito de monja… - Lali. No te asustes. Sólo queremos que vengas con nosotros a tomar algo – no me había dado cuenta, pero estaba entre Pablo y la pared, y este se acercaba peligrosamente. Como un león que acecha lentamente a su presa – Tú eres lista, seguro que no te pasa nada por perder unas clases…- Deje las citas para luego, Esposito – irrumpió la voz del profesor Lanzani en el pasillo. Y por fin pude respirar. Pablo se alejó y yo me quedé más tranquila. Me fijé en el profesor. Él también lucía más informal que de costumbre: con suéter y vaqueros.Al verle, todos los muchachos se pusieron rígidos.- Bien Esposito. Tú vendrás conmigo a la clase de 2º y el resto os quedaréis con los demás profesores que os asignen. Ya pasarán a buscaros. No sufráis por que me lleve a la señorita, pero tiene mejores cosas que hacer que estar aquí de charla con vosotros.Seguí al profesor riendo interiormente, no sin antes voltear para ver a Pablo. Y no me gustó como me miraba. Denominé a su mirada como "mirada de león hambriento". Normal, se había quedado sin su presa…

Lanzani me abrió la puerta del aula vacía, cuando llegamos.Me coloqué en primera fila y él soltó los libros que traía.- Buenos días – me saludó.- Buenos días, profesor.- Veo que causa furor entre los chicos – comenzó sentándose en la mesa y pasándome unos ejercicios que recordé haber hecho al poco de que él llegara. El profesor también me miraba de forma penetrante y curiosa, pero no como Pablo… Difícil de explicar. No era como un león hambriento sino como un excursionista que se detiene a ver el monumento de la ciudad de visita o como si alguien mirara una obra en un museo. Sonreí ante mi propia explicación. Era una tontería. Pero fuera lo que fuera, no me quitaba el ojo y eso, me gustaba. Crucé las piernas por debajo de la mesa, para darle un poco de emoción al asunto. No sabía por qué lo hacía, pero su vista seguía clavada en mí con renovado interés. De vez en cuando, jugaba con mechones de mi pelo o miraba por la ventana. Me quedé callada, por que no sabía que contestarle; pero viendo que la cosa iba para largo decidí entablar conversación.- Preferiría no tenerlo.- Es normal a tu edad. Si alguna vez te molestan, puedes decírmelo.- Tenía controlada la situación – mentí descaradamente. ¿Y? No me gustaba que pensase que no podía con unos tipos como esos.- Lali, serás una buena actriz en el futuro… pero a mi no me engañas.- Usted lo ha dicho. No lo hago – él sólo sonrió. Tras media hora terminé todos los ejercicios que me iba pasando.- Bien. Ya hemos hecho suficiente por hoy.- ¿Bromea? Si quedan más de dos horas.- Pero ya has hecho todo lo que traía preparado. Eres muy rápida – y ahí estaba otra vez esa mirada. Creo que me sonrojé involuntariamente.- Entonces… ¿qué vamos a hacer? – este hombre era capaz de tenerme el resto del tiempo mirando al frente, callada y sin hacer nada.- Hablar – dijo como la cosa más natural del mundo - ¿Qué vas a hacer con las grapas?- No lo sé.- ¿No las puedo tirar?- No, son mías yo las quité.- Eso no te da ningún derecho sobre ellas.- Como si pudieran opinar – musité mirando lo absurdo de nuestra conversación.- ¿Y si lo hicieran?- Pues que vengan y me lo digan. Esto es ridículo. ¿No podemos hablar de otra cosa?- ¿Su novio no la protege ante tantos pervertidos? No creo que Pablo sea el único que se haya fijado en usted - ¿había escuchado bien? ¿Mi novio? No entendía las segundas intenciones de su comentario. Y ahí estaba otra vez esa mirada. ¿Qué significaba? ¿Qué el también se había fijado en mí? Más tonterías…- No tengo novio… de momento - confesé. ¿Y qué coño hacía yo contándole mi vida privada?- Pretendientes no le faltan – volvió a esbozar esa sonrisa tan arrebatadora ¿eran imaginaciones mías o disfrutaba de la conversación? La verdad yo prefería hablar sobre la vida secreta de las grapas.- No creo que a eso se le pueda considerar pretendiente – yo también reí – Es más bien, como una rata callejera – Era mucho más fácil hablar con él cuando no peleábamos. Y agradable. E interesante. Y... debería parar...- Seguro que Pablo no comparte tu punto de vista. Estaba muy interesado en ti.- Ya, pero no es mutuo – suspiré. ¿Estas eran mis clases de refuerzo? ¿Lo había planeado él así?- Cuídate de él. Nunca se sabe lo que es capaz de hacer – me quedé helada al escucharlo y creo que empalidecí. Lanzani no se dio cuenta y siguió - ¿Qué libro has leído recientemente?- Romeo y Julieta – una hora después me había coscado de que indirectamente había iniciado un debate sobre el amor con mi profesor.- ¿Te gustaría enamorarte? – me preguntó cuando llevábamos un rato callados.- Nunca me había parado a pensarlo – contesté con la mirada perdida en la ventana – pero qué adolescente no quiere vivir un romance de ensueño.- ¿Es tu caso?- Yo prefiero los retos – le miré fijamente – Las cosas difíciles – Lanzani se quedó callado, pero luego la charla volvió a salir fluidamente. Me di cuenta de que no me costaba mantener la conversación con el profesor. Era muy espontáneo y elocuente.Cuando llegó el momento de marcharnos fuimos juntos hasta la salida.Una estridente risa hizo que me parara en seco.- Lali no voy a dejar que te haga nada – susurró el profesor, llenándome, misteriosamente, de seguridad.Al pasar por el lado de Pablo, él siguió con sus tonterías y yo le hice caso omiso como siempre, pero la presencia de Lanzani me dio valor. Esto no iba a quedar así.- Creo, señor Lanzani – dije para que todos me oyeran – que el director debería revisar los expedientes porque no se admiten animales en el instituto – y sonriendo cínicamente a Pablo, me encaminé hasta la salida.Eran mediados de diciembre y el clima, muy frío; pero me sorprendí al salir y ver una gruesa capa de nieve. ¿Cómo no me había dado cuenta de que nevaba si había estado mirando por la ventana? Una sonrisa traviesa se formó en mi rostro, a la vez que tenía una genial idea. Corrí hacia donde había una gran acumulación de nieve en el suelo e hice una bola. Antes de que pudiera tirársela al profesor, él me atacó dándome en el brazo. Le miré expectante y aparentemente indignada. Lanzani reía a carcajadas. Tenía una sonrisa tan hermosa que me estremecí al admirarla. Sólo otra bola cerca de mi cabeza, que afortunadamente esquivé, me hizo salir de mi ensoñación. Mi profesor volvió a reír cuando le lancé la mía.Iniciamos una guerra toda la calle arriba. Yo me refugiaba detrás de los árboles y corría; pero él me alcanzaba enseguida.Ninguno paraba de reír. Era una situación un poco extraña, divertida, agradable. Nunca me cansaría de estar así.- ¿Cómo hemos llegado al aparcamiento del instituto? – le pregunté mientras me sacudía la nieve de la chaqueta. Lanzani sólo se encogió de hombros.- ¿Hacemos un muñeco? – estaba pensando justamente en eso, por lo que asentí emocionada.Empezamos a juntar nieve. Al modelar el cuerpo nuestras manos se rozaron y una calidez inundó mi cuerpo. A pesar del frío de la nieve pude sentir su tacto suave.Descubrí, en ese instante, la calidez de la nieve.Nos miramos profundamente. Sus ojos contra los míos.Tal como vino se fue y nosotros seguimos haciendo el muñeco.Al terminarlo lo miré orgullosa. Saqué el móvil para hacerle una foto, cuando vi un montón de llamadas perdidas de mi madre. No me había dado cuenta de que el tiempo había volado mientras jugábamos como niños. Mi madre me había dicho que nada de salidas. Estaba castigada, por alguna estúpida razón que no sabía, y del colegio iría directamente a casa.- Lo siento profesor Lanzani – me disculpe – Lo he pasado muy bien. Ahora tengo que irme. Mi madre me va a matar.- Entiendo – me dijo – Mañana te veo a la misma hora – yo ya había empezado a correr para llegar antes, pero nada me salvaría de una buena bronca - ¡Cuidado con la… - tarde - nieve!- ¡Aaahh! – resbalé a cámara lenta quedando mi pobre tobillo hecho añicos. Lanzani vino de inmediato, haciendo un enorme esfuerzo para no reírse. ¡Y cómo no hacerlo! Era patética: cubierta de nieve, con el culo helado, la falda descolocada y el tobillo… en no muy buen estado. La risa nos venció a los dos sin poderlo evitar.- ¡Lali, eres peor que un niño! – exclamó riendo y ayudándome a incorporarme. Me tendió la mano y tiró de mí con tanta fuerza que nuestros rostros quedaron a milímetros de distancia. Todo eran indirectas y hoy, día de acercamientos. ¿Significaría algo? Intenté por todos los medios no apoyar el pie, pero cuando lo hice la risa cesó y la sustituyó una mueca de dolor - ¿Estás bien? – puede que parezca mentira, pero hasta que no escuché la profundidad de su voz en mi oído no me fijé en lo cerca que estábamos. Sus manos me rodeaban, nuestros cuerpos se tocaban y sus labios… ¡Qué escándalo! – Será mejor que te lleve al hospital.- Si no quiere puedo llamar a mis padres – repliqué porque no parecía muy entusiasmado con la idea. Creo que también se dio cuenta de nuestra cercanía.- No pasa nada – alucinada como estaba pasé a un estado de "shock" cuando me tomó en brazos al más puro estilo princesita de cuento. Pero no era una carroza tirada por hermosos corceles blancos lo que me esperaba en el aparcamiento; si no un pedazo de coche último modelo negro metalizado. Casi se me cae la baba…¿Cuánto ganaría como profesor?Sin soltarme, abrió la puerta y me introdujo cuidadosamente en el interior. Yo estaba sonrojada a más no poder y no era capaz de articular palabra.La expresión del rostro de mi profesor era muy confusa, por lo que no pude descifrar nada. Recordé que tenía que llamar a mi madre y saqué el móvil.- ¡Lali! ¿Dónde estás? – dijo tras descolgar – ¿No sabes qué hora es? Quedamos en que…- Mamá estoy camino del hospital – contesté escueta – Me he resbalado en la nieve y el profesor Lanzani se ha ofrecido amablemente a llevarme.- ¡Lali, no te da vergüenza! ¡Siempre estás comprometiendo a tu profesor! Deberías procurar ir con más cuidado… - qué remedio… Tuve que colgar.Miraba a reojo a Lanzani, quien estaba concentrado en la carretera y, sin pensalo ni poder evitarlo, sonreí.


- Un ligero esguince de tobillo – confirmó el médico mientras me examinaba bajo la atenta mirada de mi madre y del profesor, que había insistido en quedarse – Se lo vendaré y tendrá que guardar reposo unas dos semanas. Si siente molestia tome este medicamento – me extendió un papel con el nombre – Y evite moverse más de lo necesario – miré enfurruñada las muletas que a partir de ahora debería usar – la otra pierna podría verse resentida por cargar con todo el peso del cuerpo.Me lo vendó y me esfumé de allí lo antes que pude. Mi madre se quedó arreglando papeles con el médico.Me iba a costar habituarme a las muletas. Iba tan deprisa que tropecé con mis propios pies y de no ser por la mano mágica de Lanzani me la habría pegado.- Ten cuidado… ¿No querrás romperte algo? – yo suspiré. No me acostumbraba a atenerle tan cerca. Ni a su tacto. Perdía el control de mí cuando esto pasaba. Tenía que poner una distancia de seguridad entre los dos.- Muchas gracias por todo, profesor Lanznai – dije cortante – Hasta mañana.No sabía que saldría del experimento de mantener una distancia de precaución prudente con él, pero debería intentarlo.Tenía algo que me atraía… ¿Qué demonios estabas pasando?Ahora sólo había una tregua. Espera a que empiece el segundo trimestre. Va a ser un no parar de molestar. Y de discutir. Y de sus ácidos comentarios. Y de su arrebatadora sonrisa sarcástica de superioridad.¡Basta! Esto debía acabar… ¿Dónde habían quedado esos tiempos en los que no le soportaba?No conseguí adaptarme al engorro de las muletas.Los primeros días fueron los peores. Debía poner mucha atención o caminar con alguien cerca, por que al mínimo movimiento iba al suelo.A diferencia de mí, mi plan para mantener la distancia con el profesor Lanzani seguía en pie. Tras regresar del hospital, pensé en una manera de llevarlo a cabo.Se había implicado demasiado en mi vida y estaba cogiendo confianza. Primer punto que había que había que invertir a toda costa, pero iba a ser difícil por que estábamos sólo él y yo en clase.Seguidamente habría que acabar con nuestra fuente de placer: las peleas, discusiones, guerras verbales, debates… Como quisiéramos llamarlo. Cada vez que hablábamos le revelaba una parte de mí. Me sentí extrañamente nostálgica al recordar nuestros primeros encuentros. Pero aunque no quería que terminasen, debía hacerlo. Debíamos ser como un profesor y alumna normales. Nada de favoritismos, castigos, ahora te ayudo y te llevo al hospital o ahora te defiendo de los abusones…Suspiré. Iba a ser como nadar a contracorriente en un bravo mar lleno de olas que me arrastraban hacia él cada vez más. No debía rendirme. Aunque mi corazón se entristeciera y yo me empeñara en negarlo. Un nuevo sentimiento había sido plantado dentro de mí hacia tiempo. No quería admitirlo. Y tenía que deshacerme de él. Era insólito e imposible. Seguramente una vaga ilusión creada por mi mente adolescente, confundiendo las cosas que no son.Tenía que deshacerme de ese maldito sentimiento antes de que crezca y echase raíces. Ahí, sería imposible cualquier tipo de ayuda.El tercer punto a tratar sería él mismo. Juan Pedro Lanzani. Su voz, sus ojos, su sonrisa, su lunar… Todo.Debía alejarme de él lo antes posible. Si bien era cierto que antes yo misma provocaba esos acercamientos ahora debía buscar el efecto contrario.Antes cuando le provocaba con mis actos o mis contestaciones; no sabía de los sentimientos del corazón¿O sí lo sabías y no querías darte cuenta? ¿Y si, inconscientemente, le buscabas?¡Maldita voz de la conciencia! Rememoré el encuentro de nuestras manos y la calidez que había sentido. El cosquilleo que me provocaban sus ojos.Su manera de hablarme tan superior, arrogante, afilada, sarcástica… ¿Cómo iba a renunciar al sonido de su voz? ¿A su sonrisa burlona? ¿A sus fingidas muestras de desprecio?Y entonces, me dí cuenta…¿Cuándo había sido? ¿Cuándo se me había hecho demasiado tarde para pedir ayuda? ¿Para echarme atrás? ¿Para decir NO?¿Cuándo había crecido ese sentimiento? ¿Tan ciega había estado? Cegada por sus palabras, eclipsada por él… Ahora un tronco grueso y de espeso follaje inundaba mi corazón. No se podría arrancar ni con una sierra eléctrica. Pero acaso… ¿estaba enamorada? Y lo peor de todo… ¿de mi profesor?"Del amor al odio sólo hay un paso" ¿Cuándo habría cruzado ese paso? Había sobrepasado la línea, pero mi plan debía continuar.Por mucho que me doliera, por mucho que lo temiera; era todo un error. Una indecencia. Una frustración. No podría mover ficha porque todos mis esfuerzos no se verían recompensados. Era su alumna. No su amiga, ni la vecina de enfrente. Su alumna. Era menor que él. Y nunca se fijaría en mí…Desolada con estos pensamientos pasé la maldita noche en vela sin sacar nada en claro…

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