sábado, 19 de diciembre de 2009


Capitulo 1
Todo empezó un día como otro cualquiera en el que me dirigía caminando tranquila al colegio . Los martes a primera hora teníamos clase de Lengua, pero últimamente la profesora no iba porque al parecer, estaba de baja. Y los demás profesores no nos dieron señas de que esto fuera a cambiar. Ahí estuvo su error.Yo era la única que iba a clase. Así podía adelantar tarea o leer algún libro sin que otros me molestasen.Cuando crucé la puerta del patio del colegio cinco minutos tarde, el portero, un hombrecillo muy amable con canas, me lo hizo notar y me instó a que fuera a clase. No le dí importancia, ni camine más deprisa.Llegué a mi clase y abrí la puerta.Esa fue la primera vez que le vi. Era alto, de piel morena y sus ojos, de un verde oscuro , me miraron en cuanto interrumpí la tranquilidad de la clase con el ruido de la puerta. Su pelo castaño estaba perfectamente peinado. Vestía una blusa azul, y unos vaqueros; pero no parecía informal. Pude ver una chaqueta colgada del respaldo de la silla del profesor.Estaba hablando con el director y ambos se fijaron en mí, que no sabía quién era ese hombre y qué hacía ahí. Pensé que, quizás, me había equivocado de clase; pero vi los carteles en las paredes característicos de mi aula.- ¿Se puede? – pregunté tímida. A lo mejor había interrumpido alguna reunión…- Señorita Esposito, pase – dijo el director. Yo hice lo que me pedía - ¿Sabes si alguno de tus compañeros va a venir? – negué con la cabeza colocándome en mi sitio ¿Quién iba a venir pudiendo dormir una hora más? Ah, yo… - Este es vuestro nuevo profesor de Lengua, Juan Pedro Lanzani – ambos hicimos un asentamiento con la cabeza. Saqué de mi mochila el primer libro que cogí antes de venir, “Romeo y Julieta”, mientras el director se despedía y salía del aula.- ¿Por qué no han venido sus compañeros? – me preguntó el nuevo profesor. Su voz era tan grave y varonil…- ¿Quién iba a venir aquí a perder el tiempo? – le contesté encogiendo los hombros- Tú estás aquí.- Si, pero para mí no es perder el tiempo – abrí el libro por donde estaba el marca páginas.- Guarda el libro – ordenó tajante.- ¿Por qué? – ¿para qué debía guardar el libro? Con lo a gusto que estaba leyendo. No pensará…- Voy a dar clase – dijo con una sonrisa burlona.- ¡Venga ya! – reproché estupefacta – Si no hay nadie.- Lo siento. No me había dado cuenta de que eras un fantasma - ¿Cómo se atrevía? Si bien yo no era una persona violenta, en ese momento me entraron ganas de tirarle la cartera a la cabeza. No sabía por qué, pero tenía la sensación de que no nos íbamos a llevar bien…- No he traído el material. Nadie nos avisó de que las clases se reanudaron – repliqué. Por lo general intentaba siempre sacar las mejores notas, traer el material y nunca crear problemas. Algunos profesores me consideraban una alumna modelo y nunca había suspendido.- ¿Y eso qué tiene que ver? ¿Acaso no es su deber? Además los profesores no tienen porque darles explicaciones de todo.- Siempre traigo el material. Claro siempre que haya un profesor con el que lo pueda utilizar – dije copiando su sonrisa – Y como no había ninguno…- Eres un poco insolente, ¿no? – replicó frunciendo el ceño – Por cierto, aun no me ha dicho su nombre.- Esposito, Mariana Esposito – contesté orgullosa, mientras volvía mis ojos a las páginas de Shakespeare. Pero no pasó mucho tiempo cuando una mano entró en mi campo de visión y me requisó el libro – Muy bien señorita Esposito. Debe entender que yo soy ahora la autoridad en el aula y me debe respeto. De momento tiene retraso. Póngase a hacer tarea de otra asignatura.- Y ¿por qué no me deja leer? Se supone que estamos en clase de Lengua.- Porque esto no es una biblioteca.- Ahí es donde debería haberme quedado – murmuré molesta. Saqué el libro de Historia y me puse a hacer los ejercicios que mandaría para hoy. Vi en mi mochila una revista de moda y la cogí poniéndola delante del libro.
-Ahí es donde debería haberme quedado – murmuré molesta. Saqué el libro de Historia y me puse a hacer los ejercicios que mandaría para hoy. Vi en mi mochila una revista de moda y la cogí poniéndola delante del libro. Todo iba bien y el profesor parecía no darse cuenta hasta que sin querer, se me cayó.Él se acercó a ver lo que pasaba.- En vista de lo mucho que le gusta leer, vaya al despacho del director y léale esta amonestación - ¿amonestación? ¿a mí? Este hombre estaba loco. Iba a estallar, sobre todo cuando vi su sonrisa de satisfacción, pero a duras penas me contuve. Al salir por la puerta mi orgullo salió a flote.- ¿Quiere que le dé recuerdos de su parte al director, profesor Lanzani? – salí dando un gran portazo. Casi nunca me comportaba así en clase, pero este profesor sólo llevaba aquí media hora y ya me había sacado de mis casillas. Mi actitud altiva y orgullosa, declaró la guerra. Pero ninguno sabía lo que eso en verdad significaba…No me hizo falta llegar al despacho del director por que me lo encontré en el camino. Puse mi mejor cara de niña buena y le conté lo que había pasado. Él me dijo que hablaría con mi profesor. ¡Qué fácil era controlar a los adultos! Y más, si primero te ganas si confianza. A veces utilizaba un poco la imagen de niña buena, porque lo único que importaba era sacar notas excelentes para tener una buena beca en la universidad, ya que mis padres tenían muchos gastos.Volví a clase junto con el director, pero no me dejó.
Volví a clase junto con el director, pero no me dejó entrar mientras ellos hablaban.Cuando estuvo por finalizar la primera hora salió. Nos saludamos y entré.- Parece que no hemos empezado con buen pie, señorita Esposito – me dijo – Esta vez se lo voy a pasar porque, según lo que me ha contado el director, es una alumna excepcional. Ya me lo demostrará… Pero la próxima vez no tendré piedad – finalizó entregándome bruscamente mi libro.- Guárdesela – susurré. Antes había dejado llevar. No había pensado en que podía echar a perder todo mi futuro, meticulosamente planeado. Aunque me sentía tan humillada bajo sus ojos son poder devolverle los golpes…- ¿Cómo ha dicho? - preguntó subiendo el volumen de su voz.- La piedad es para los débiles. A mí no me hace falta – seguro que me iba a contestar algo cuando mis compañeros entraron al aula, extrañados de vernos ahí. Casi se podría decir que discutiendo.
- Buenos días – me ignoró y se dirigió al grupo que le miraba expectante – Mi nombre es Juan Pedro Lanzani y, a partir de ahora, voy a ser su profesor de Lengua. De momento tienen falta y nota negativa por no presentarse sin motivo alguno…- Ya le dije que nadie nos avisó – protesté.- Señorita Esposito, ya la he advertido… - y sin más, salió dejándome con la palabra en la boca.Pasé el resto de las horas maldiciéndole en todos los idiomas y maneras que sabía.Mis compañeros me preguntaron y les conté lo que había pasado. Mis amigos no estaban en mi clase, pero aunque era mayores que yo, habían repetido curso.En el recreo se lo conté. Cuando me desahogué, me quedé más tranquila y pude pasar mejor el resto de mis clases.
Capitulo 2
De vuelta a casa me encontré con una nota de mis padres."Lali: tu padre y yo trabajamos hasta tarde. Hay comida en el frigorífico y tu hermano come en la escuela. Pasa a recogerle antes del trabajo y cuídale.Mamá"Perfecto. Mis padres casi nunca estaban en casa y siempre me tocaba a mí cuidar a mi hermano pequeño. Prácticamente le había criado yo. Mis padres trabajaban, los dos, en una compañía de seguros y aunque sus sueldos no eran millonarios, nos manteníamos. Parte de ese dinero se lo daban a mi hermano mayor que estaba estudiando fuera, en la universidad.Por eso decidí buscarme un trabajo y administrarme mi propio dinero. Encontré un puesto en una librería acogedora del centro. Y mi jefe, Gaston, era muy simpático y amable. Y dejaba que mi hermano se quedara conmigo. Cuando no había nadie en la tienda nos poníamos a hacer los deberes y si yo acababa antes que él le ayudaba.Tras leer la nota fui a por mi comida y la calenté. Volví a sacar "Romeo y Julieta" y comí en silencio.A veces, veía la televisión, pero no me llamaba mucho la atención.Llamé a mi madre para decirle que todo iba bien y que me encargaba de Monito, mi hermano.Recogí la mesa y fregué los platos. Iba a adelantar tarea, pero me dolía un poco la cabeza por lo que me puse a leer hasta que tuve que ir a por Monito. No me apetecía llevarme los libros, así que haría los deberes cuando llegase.Como siempre que iba a por él, Monito me estaba esperando con una sonrisa. Él y yo nos parecíamos mucho. Ambos teníamos el pelo castaño , aunque el mío llegaba a media espalda, y los ojos oscuros.Nuestro otro hermano era igual que mi padre: con el pelo rubio y los ojos marrones.Pero en el carácter éramos totalmente distintos. Ellos eran más alegres y extrovertidos. Yo, calmada, tímida y rara vez – como esa mañana – orgullosa. Siempre he creído que era por el hecho de haber criado a Monito. Al principio era muy bonito cuando todos me hacían caso. Luego nació Monito y me dejaron de lado. Yo tenía ocho años y estaba un poco celosa, pero se me pasó al poco tiempo. Ahora, con 17, disfrutaba de mi último año en el instituto.- ¡Hola, hermanita! – me saludó con un beso en la mejilla.- ¡Hola, Monito! – dije mientras cogía su mochila y le daba la mano – Hoy nos toca quedarnos en la librería. Mamá y papá están trabajando – él sólo asintió y fuimos charlando sobre sus clases. Como ambos íbamos a instituciones públicas, y estaban pegadas la una a la otra, en los recreos, a veces, iba a verle.Cerca de la librería hay una tienda enorme de ropa. De vez en cuando iba y miraba qué había. Pero nunca podía comprar nada. ¡Era todo carísimo!Me quedé embobada mirando un vestido que había en el escaparate y no me di cuenta de que Monito seguía andando.Había que cruzar un paso de peatones para llegar a la tienda, y a esta hora el tráfico era tremendo.Al verle más arriba me tranquilicé, pero me duró poco al ver que cruzaba sin mirar y un coche le iba a arroyar.Corrí lo más rápido que pude, pero no llegaba, cuando una mano misteriosa agarró el hombro de mi hermano y lo detuvo.- ¡Monito! – grité para que me oyera, llegando a su altura - ¿Cuántas veces te he dicho que no cruces sin mirar?- Lo siento, Lali – dijo bajando la cabeza y empezando a sollozar. Si es que no me podía enfadar con él – Yo no sabía que no estabas… Perdón.- Tranquilo – le abracé – Ya está… A ver que te limpia esas lágrimas – intenté animarle, mientras buscando mi pañuelo. Pero no lo tenía.- Ten el mío – una voz que se me hizo extrañamente familiar me obligó a mirar a ver quién era… No… La persona a la que menos quería ver. Tomé el pañuelo y le sequé la cara a mi hermano.- Gracias, señor Lanzani – farfullé fastidiada.- ¡Qué casualidad señorita Esposito! ¿No cree? – dijo fingiendo sorpresa – Si no llega a ser por mí ¿qué habría sido del chiquillo? Suerte que lo detuve… - ahí me hartó, sus sandeces me sobrepasaron y… afortunadamente no estábamos el instituto.- ¡No bromeé con esas cosas! – grité. Lo acontecido me había alterado bastante – Si tiene ganas de fastidiar a alguien, hable con su reflejo en el espejo. ¡Pero a mi déjeme en paz!- Aunque no ejerza de profesor, debes tener un mínimo de respeto por las demás personas, mocosa – ¿mocosa? ¿Yo? Hasta aquí hemos llegado…
- Ni aunque fuera el rey del mundo – espeté furiosa. Agarré la mano de Monito y me fui de allí, justo como él había hecho por la mañana, con la palabra en la boca.Cuando llegué a la tienda era un poco tarde y me disculpé del retraso con Gaston. Le expliqué lo sucedido – obviando algunos detalles – y lo entendió perfectamente.Intenté trabajar lo más que pude, para sacarme al maldito profesor de la cabeza.Sin darme cuenta me había metido su pañuelo en el bolsillo. Puse mi mejor mueca de fastidio. Mañana a última hora tendría de devolvérselo… Que lata.
Al meterme en la cama por la noche me sentí agotada y dormí plácidamente deseando que el próximo día fuera mejor.Nunca me acostumbre al irritador sonido del despertador. Le apagué con torpeza y como consecuencia cayó al suelo. Genial. Lo dejé ahí. Ya lo recogería… Me quité el pijama y tomé una ducha, pero el agua caliente se acabó. Como empezábamos el día… Y esto era sólo el preludio de uno de esos días en los que es mejor no levantarse. Tiritando me puse el uniforme: una falda azul marino, una blusa blanca y el suéter azul claro con el emblema del colegio grabado en el pecho.Había hecho lo mismo que cada mañana, pero iba tarde por lo que me salté el desayuno.Mi padre se ofreció a llevarme en coche y acepté.Pasé todo el asqueroso día pensando en como darle el asqueroso pañuelo a Lanzani, hasta que, como un suspiró, llegó su hora.
Capitulo 3
Él apareció por la puerta, con una vestimenta similar a la de ayer.- Bien, puesto que hoy estamos todos, os voy a pasar un cuestionario para ver vuestro nivel – dijo sacando del maletín un grueso tomo de folios. Como yo estaba en primera fila, me ordenó que los repartiera.Cuando lo hice comencé a responder. Era muy sencillo: literatura, gramática, sintaxis…Terminé muy pronto y tras repasarlo un par de veces volví a mi preocupación principal: como darle el pañuelo.Estaba tan concentrada que no me di cuenta cuando apareció detrás de mí y apoyó su mano en mi mesa. Me sobresalté de inmediato e intenté disimularlo para que no se riera.- ¿Algún problema? – me susurró para no desconcentrar al resto de la clase. De repente, tuve un escalofrío… ¿Qué había sido eso? Como pude negué con la cabeza- Sólo estaba repasando – contesté sintiéndome cohibida. Él me miró y señaló una de las frases del tercer ejercicio.- Tienes un fallo – y guiñándome el ojo se fue a atender la duda de una compañera que le había llamado, no sin antes esbozar su sonrisa burlona.Corregí el error pensando en lo de ayer… Debía disculparme. Le había declarado la guerra, sin conocerle. Él ayudó a mi hermano. Y ahora, a mí. Esa actitud no era la mía…Esperé a que el último chico abandonara la clase. Tras entregar el cuestionario podíamos salir porque ya no quedaban más clases.Aun faltaban cinco minutos para que tocara el timbre. El profesor se encontraba leyendo y puse el mío, junto con el pañuelo, en su mesa.- ¿Ya has terminado? – preguntó dejando aparte su libro y mirándome. Qué pregunta más tonta… Ahora vendría lo difícil.- Profesor, discúlpeme – dije mirando lo bonito que eran mis zapatos – Ayer le contesté de malas maneras, encima de que salvo a mi hermano. No volverá a pasar, lo siento.- Vaya, veo que la culpabilidad ha podido con so orgullo, señorita Esposito. Si no fueras tan irresponsable con tus acciones no tendrías que pedir perdón.- ¿Irresponsable? – grité indignada - ¿No puede callarse y aceptar mis disculpas? Usted no me conoce. No sabe cómo soy.- Sólo juzgo lo que veo – me espetó molesto, recogiendo sus cosas – Demuéstreme que es diferente y cambiaré. Por el momento…- Por el momento ¿qué? – le dije desafiante.- Tienes un cero en esta prueba. ¿No lo dije? Contaba para nota.Cabrón. Faltó muy poco para que se lo dijera a la cara. Estaba tan furiosa que lo único que se me ocurrió fue salir de ahí corriendo.No pude dejar el instituto sin evitar las lágrimas, así que entré en el baño a lavarme la cara.¡Vaya día que llevaba! Había suspendido. No me lo podía creer. Lloraba de frustración e impotencia. Estaba segura de que tenía muy buena nota en esa estúpida prueba. ¡Era injusto! Esto no me podía estar pasando a mí. Era como una broma de mal gusto… ¿Dónde estaba la cámara oculta?Cuando llegué a casa, abatida, mi madre lo notó en seguida. Se lo conté y me consoló diciendo algo parecido a lo que ese estúpido dijo.- Lali, las dos sabemos que a veces tienes mal genio. Ya eres adulta y debes aceptar las consecuencias de tus acciones. Dale lo que quiere y te dejará en paz. Si no lo haces siempre puedes ignorar sus comentarios – mi madre nunca se había enfadado conmigo, pero noté un tono de decepción en sus palabras y eso me dolió más que si me hubiera dado todas las voces del mundo.Pasé el resto de la tarde como siempre. Me repetía una y otra vez el consejo de mi madre y le puse en práctica para el resto de sus clases.
Capitulo 4
Al día siguiente tuvimos clase con el profesor Lanzani antes del recreo.- Bien clase – dijo cuando pasó lista – Ya he corregido vuestros ejercicios. Por lo general tenéis un nivel bastante bajo. Excepto algunas excepciones – me miró fijamente – Os los repartiré al final de la clase. Ahora quiero que apuntéis la lista de libros que vais a tener que leer para aprobar – garabateó en la pizarra los títulos. Tenía una letra muy prolija y clara. Era bonita… Entre ellos estaba "Romeo y Julieta". No sé por qué no me sorprendía – Ahora, abrid el libro por la página 80 – y se puso a explicar la lección: las reglas gramaticales. Tema aburrido donde los haya. Me obligué a prestar atención, a tomar notas y contestar correctamente. Se iba a enterar ese de quien era esta niña tan buena.Nos mandó unos ejercicios de práctica que recogería al finalizar la clase, mientras íbamos a su mesa a por las pruebas… Qué huevón ¿No nos los podía traer él?- Esposito – me llamó después de un rato, cuando llegó mi turno. Me levanté lo más indiferentemente que pude y fui hacia su mesa. ¿Por qué no se podía ahorrar el papelón? Si ambos ya sabíamos qué iba a pasar…Ver el cero en mi prueba fue más duro de lo que pensaba sobre todo porque debajo había escrito un diez.- Esa es la nota de tu examen, pero no la que te mereces – dijo con una sonrisa – Ya sabes para la próxima.- Sí, señor Lanzani – musité decepcionada conmigo misma y creo que se dio cuenta.Tras finalizar la entrega de las pruebas, tocó el timbre.- Esposito ¿puedes recoger los ejercicios, por favor? – me pidió amablemente. Yo obedecí mientras los demás salían – Antes de que os vayáis, los que habéis suspendido me tendréis que entregar un trabajo que os daré la semana que viene – recogí las últimas hojas y se las entregué – Gracias. Señorita Esposito, me gustaría hablar contigo. No te quitaré mucho tiempo del recreo.- Dígame.- Usted no tiene que hacer el trabajo sino quiere. Si estudia y se comporta, puedo devolverle a su examen la nota original.- No me parece justo que mis compañeros lo hagan y yo no. Si he suspendido tengo que aceptar las consecuencias – respondí triste… ¡Joder! ¿Por qué no podía contestarle como se merece? Que no me hacía falta su estúpida compasión para aprobar y con excelente nota.- Sólo piénselo.- Sí, señor Lanzani – humillación total…-.-Tras este encuentro que tuvimos, pasé una de las peores semanas de mi vida. Sin duda alguna, el señor Lanzani me había cogido manía. No paraba de molestarme y humillarme en clase. Pero yo seguí el consejo de mi madre y me tragaba todas las contestaciones que se me ocurrían. Aunque aquello parecía motivarlo aun más.Tal como dijo, nos entregó los trabajos para recuperar, haciéndome una última advertencia.- Todavía está a tiempo de retractarse de lo que dijo – dijo sosteniendo el trabajo en sus manos.- Déme ya el maldito trabajo – mascullé apretando los puños bajo la mesa. Que hombre, Dios mío…- Con esa actitud no adelanta nada – ya me daba igual. No era posible que tal sólo una semana hayamos concebido una enemistad tan fuerte. Después de hablar conmigo se dirigió al resto de la clase – El trabajo tiene que estar sobre mi mesa el próximo jueves, es decir, dentro de una semana. No los admitirte después del plazo estipulado. Bien, sacad los cuadernos. Voy a dictaros unos ejercicios.Me volví a obligar a prestarle atención por enésima vez.Agradecí infinitamente que tocara el timbre y pudiera irme a mi casa, donde no estaban el profesor Lanzani ni sus estúpidas provocaciones.Comí en cuanto legué y subí a mi habitación para hacer los deberes. Esa tarde no iba a ir a trabajar ya que Gaston estaba de viaje de negocios.Pasé la tarde, entre otras cosas, haciendo el trabajo de Lengua.Antes de cenar mi madre me pidió que fuera a recoger a mi hermano de su entrenamiento de fútbol, al que recientemente se había a puntado.
Salí a la puerta y vi unas nubes grises muy feas que anunciaban tormenta. No cogí paraguas. Quizás tuviera suerte…Pero camino del estadio me cayó el Segundo Diluvio Universal, con rayos y truenos y todo.Mi hermano estaba refugiado dentro del estadio donde jugaba pero cuando me vio llegar sin nada se echó las manos a la cabeza.Corrimos hasta casa, aunque eso no nos salvó de mojarnos más aun con los malditos coches que nos salpicaban.Al llegar a casa me dí una ducha de agua bien caliente. De esta no saldríamos bien parada.La mañana del día siguiente se anunció igual que el día anterior: lluvia, lluvia y… más lluvia.Me levanté con un terrible dolor de cabeza, y mi hermano igual. Normal. En el desayuno ambos nos tomamos un medicamento y yo me llevé otro para el recreo.Mi padre no me podía llevar en coche, por lo que tuve que ir andando.A pesar de ser la causante de mi principio de resfriado, me gustaba oír como las gotas de lluvia caían en mi paraguas. Llegué a la puerta antes de que tocara el timbre.
Decidía subir a clase de Euge y Cande, mis amigas. Era natural verme por esa clase como si fuera la mía.- ¡Lali! – gritó Euge al verme – Han abierto un nuevo bar en el centro. ¿Te apetece que vayamos a darle el visto bueno?- Podríamos ir primero al cine – sugirió Cande- Si – contesté emocionada – Hace muchos que no salimos a divertirnos.- Con este frío… - al reírme me dio un pinchazo en la sien e hice una mueca de dolor.- ¿Estás bien? – me preguntaron a la vez.- Sí, es sólo que creo que me voy a resfriar.El timbre sonó y yo partí hacia el lugar que me correspondía.No pude evitar preocuparme por Monito. No tenía buen aspecto al salir de casa y tampoco encontré el termómetro para ponérselo.Esa preocupación me acompañó hasta que llegó el recreo y decidí ir a verle para darle la pastilla. Suerte que la había traído.Iba a salir por la puerta del patio cuando un asquerosa y grave voz detuvo mi avance.- Está prohibido salir del recinto escolar sin permiso, Esposito – como no… ¿sólo vivía para fastidiarme? Otro pinchazo en la cabeza. No tenía tiempo para este imbécil. La cabeza me estaba empezando a doler cada vez más.- Mire – le hice entender por las buenas – no voy a escaparme ni nada. Sólo voy a salir. Sólo voy al colegio de mi hermano que está allí detrás – señalé con el dedo, hastiada – a darle una pastilla.
¿Ahora quieres drogarlo? La gente no se debe automedicar – me explicó como si le dijera a un niño pequeño que no se puede beber el bote de lejía.- He intentado ser amable con usted, incluso ignorarlo ¿por qué no me deja en paz y se mete en sus asuntos?- Ya vuelves a sonar como una chiquilla malcriada. El lunes te quedas sin recreo. Ven al departamento de Lengua. Ya veremos como matamos el tiempo…- ¡Más quisiera! – y me largué. Pero no duró mucho, porque me agarró del brazo impidiendo mi avance – Suélteme… - yo me retorcía intentando escapar, pero ninguno daba "mi brazo" a torcer y cada vez apretaba más fuerte para que no me fuera – Me hace daño.- ¿Qué ocurre? – preguntó la señora Calvo, la profesora de Arte. ¿De dónde había aparecido mi ángel salvador?- Nada – respondió el señor Lanzani – He sorprendido a esta alumna intentando fugarse. Esta prohibido salir, pero no me ha hecho caso.- ¡Mentira! – negué presa del dolor de cabeza. Otro punto en mi contra. La agitación del momento había revuelto mis neuronas y cada vez me dolía más – Sólo quiero ir al colegio para darle las pastillas a mi hermano. Está resfriado y si no se las toma puede empeorar – la profesora lo meditó. Lanzani me había soltado, pero no se despegaba de mí, ni con una espátula.
Señor Lanzani, si tanto le preocupa, acompáñela. Así si esas no son sus intenciones… - dejó la idea en el aire. ¿Qué había dicho de ángel salvador? Más bien parecía un demonio compinchado con el jefe del clan, a escasos metros de mí y que pretendía acompañarme… ¡Eso si que no! Por mucho que proteste, rogué, pataleé, grité y me humillé, no cambiaron de idea. En fin, que le íbamos a hacer. Todo por un bien mayor.Llegamos a la reja que delimitaba el colegio y el instituto, donde mi hermano y su grupo de amiguitos se solían poner. Vi su pelo revuelto por el viento y le llamé.- ¡Monito! – él se dio la vuelta y me saludó. Ahí fue cuando me di cuenta de que algo no iba bien. Tenía los ojos llorosos y la cara pálida. Parecía que le costaba andar - ¿Cómo estás?- Bien aunque me duele un poco la cabeza – me dijo. Le toqué la frente para comprobar su estado. ¡Estaba ardiendo!- Monito, tienes fiebre – declaré asustada. Todo era por mi culpa – De momento tómate esto – le entregué la pastilla - Le diré a mamá que venga a por ti – sin acordarme del molesto profesor saqué el móvil y marqué el número de mi madre.- Esposito está prohibido traer el móvil a clase – tardaba mucho en rechistar. ¿Qué se sabía todo el reglamento interno del instituto?- Me da igual. Es mi hermano y no voy a permitir que ande por ahí enfermo. Sí, mamá… - la expliqué todo lo sucedido.- Lali, no hace falta de verdad. Estoy…
Estás enfermo. No discutas. Mamá vendrá pronto a buscarte. Dile a algún profesor que viene a por ti y que te pongan un termómetro.- Esposito, el recreo está por terminar – replicó Lanzani tocando su reloj.- Pues váyase…- ¡Esposito!-¡Lali – dijeron mis dos acompañantes a la vez ¿Estaban compinchados? ¿Qué hacía Monito riñéndome delante del profesor? – Así no se habla a los profesores. Disculpe a mi hermana. A veces es un poco burra…- Monito ¿quieres acabar en el hospital? – pregunté apretando los dientes. Él negó – Pues vete.Obedeció y me fui con mi "amable, comprensivo y educado" profesor. Con un "no se olvide del castigo" se desperdigó entre el resto de personas que pululaba por el instituto.En el fin de semana fuimos al bar nuevo. Era una pasada. Además acabé de coger el resfriado junto con Monito, pero yo tuve más suerte.
En el fin de semana fuimos al bar nuevo. Era una pasada. Además acabé de coger el resfriado junto con Monito, pero yo tuve más suerte.El lunes llegó y con él, todas mis obligaciones, incluida el castigo con Lanzani.Resignada entré a cumplir sentencia en el departamento de Lengua. Toqué la puerta y él me abrió haciendo un ademán con la mano para que pasase.Me senté junto a su mesa y me dio tres tacos de folios y un aparato para quitar grapas.- Tu castigo será quitar las grapas de todos estos folios para poder reciclarlos mejor – miré espantada la tortura medieval a la que me iban a someter, pero sin quejarme me puse manos a la obra, mientras hacia una montaña en la mesa con las grapas que iba quitando. A lo mejor podría hacerme un collar con ellas… El profesor se puso a corregir con gesto serio.
Capitulo 5
Me senté junto a su mesa y me dio tres tacos de folios y un aparato para quitar grapas.- Tu castigo será quitar las grapas de todos estos folios para poder reciclarlos mejor – miré espantada la tortura medieval a la que me iban a someter, pero sin quejarme me puse manos a la obra, mientras hacia una montaña en la mesa con las grapas que iba quitando. A lo mejor podría hacerme un collar con ellas… El profesor se puso a corregir con gesto serio.- ¡Ah! – dije tan de repente, que le desconcentré y pegó un bote en la silla. Saqué de mi mochila el trabajo – Se me olvidaba. Ya lo he terminado – él sólo lo recogió y lo puso en una pila de papeles.- Eres muy rápida – comentó simplemente, removiéndose incómodo en su silla. No se le notaba especialmente emocionado ante la idea de compartir esta divertida y apasionante hora quitando grapas conmigo. Que se aguante… - Por cierto, ¿cómo está tu hermano?- Ahora mejor. Aunque mi madre no le ha dejado ir al colegio todavía, no vaya a ser que contagie a alguien más – me dio pena que mamá tampoco me hubiera dejad traérmele al castigo…- Ya veo – pasamos un rato en silencio… incómodos - ¿Qué vas a hacer con tu vida?- ¿Cómo dice? – pregunté extrañada. Me pilló por sorpresa.- ¿Qué esperas hacer en un futuro? No creo que te quieras quedar en el instituto para siempre.- Sí, con usted – murmuré para mi misma – Voy a ser adivina – respondí irónica – para averiguar el número de la lotería y hacerme millonaria. Aunque si ese plan no funciona me gustaría hacer alguna carrera en la universidad.- ¿Qué carrera? – preguntó dejando a parte lo que corregía.- Aun no lo sé. Son demasiadas y no estoy muy decidida por ninguna especialidad en concreto.- Mi asignatura se te da muy bien. Podrías pensarlo… Aunque con ese carácter – susurró.- Tranquilo, no te haré la competencia… todavía.- No creo que haya competencia de ningún tipo, señorita Esposito.- Déjeme – ya empezábamos ¿no podíamos mantener una conversación sutil, adulta y civilizada? – Usted no me conoce.- Siempre anda con el mismo cuento – exclamó volviendo a su corrección.- Sólo por que usted me lo recuerda.Al finalizar el recreo solté las cosas y me fui.- No se olvide de volver mañana… Esas grapas no van a quitarse solas – cerré la puerta a su sonrisa sarcástica, pensando que era mejor utilizar clips.Ese mismo día el profesor Lanzani informó a mis padres del castigo por teléfono.Cuando llegué a casa, no sabía la sorpresa que me esperaba…- Lali – dijo mi madre con gesto serio – siéntate. Tenemos que hablar – yo hice lo que me pidió extrañada.- Verás hija – comenzó mi madre – Hemos recibido quejas de tu profesor de Lengua. Nos ha dicho que, aunque prestas atención en clase y muestras algo de interés por la materia, molestas e incluso hoy ha llegado a castigarte. ¿Tienes algún problema? Tus profesores nunca han tenido quejas tuyas, hija.- No – respondí – es sólo que el señor Lanzani y yo no nos llevamos bien. Hemos empezado con mal pie, pero no volverá a pasar.- Ya veo, Lali – siguió mi madre – Nosotros siempre hemos respetado tu intimidad y te hemos dado libertas, pero tu profesor nos ha contado que le respondes mal en clase y no respetas su autoridad en el aula.- ¡Eso es mentira! – grité – Ese hombre os ha estado llenando la cabeza de tonterías. Lleva haciéndome la vida imposible desde que llegó. Me critica, me humilla y me castiga sin motivo. Siempre he respetado a los profesores. No veis que no soy capaz de hacer lo que el dice, joder… - ups… me pasé.- ¡Lali! Ese no es comportamiento para alguien de tu edad.- Pero papá…- No me repliques. No quiero que vuelvas a emplear ese lenguaje ¡Estas castigada! Esto está llegando muy lejos ¡De momento te quedas sin salir! Sube a tu habitación.- Si hombre – espeté – como si estuviera todavía en la guardería – los miré, pero iban muy enserio – No pienso cumplir ningún castigo.- Mientras estés en mi casa harás lo que yo te diga – enfurecida tomé mis cosas y subí a mi cuarto dando un gran portazo.Y todo por culpa de ese… hombre. ¿Por qué tuvo que venir y poner mi mundo patas arriba?Ni siquiera atendí a Monito cuando tocó mi puerta. Serían las 21:00 cuando, sin cenar y tampoco sin comer, me puse el pijama y me acosté.
Capitulo 6.
Me levanté mareada. La cabeza me daba vueltas y el cuerpo me pesaba. Aun así me arregle y me fui al colegio. Pasé de desayunar, tan sólo por no ver a mis padres. Caminaba lentamente y mi mochila pesaba más de la cuenta. Daba igual. Tenía que llegar a tiempo ya que a primera hora tenía con mi "profesor favorito". Oí como tocaba el timbre antes de llegar al instituto casi sin fuerzas. Tenía la impresión de que me iba a caer en cualquier momento, por que mis piernas casi no soportaban mi peso.No sé como eché a correr, pero para cuando llegué a clase él ya estaba allí.- Esposito – dijo sin mirarme – Tienes retraso.- Dígame – le contesté parada y apoyada, disimuladamente, en el marco de la puerta para no caerme pero empezaba a ver borroso. Maldita carrera, maldito Lanzani… - ¿va a notificárselo también a mis padres? – estaba a punto de montar un numerito en clase, pero me daba igual. Me llevé la mano a la cabeza, sosteniéndola. Uf… Vaya vértigo…- ¿Se encuentra bien? – creo que me preguntó mi amigo el profesor – Le he hecho una pregunta.Me iba a retirar orgullosamente a mi sitio cuando, al soltarme del apoyo de la puerta, tropecé hacia delante. Ya esperaba el frío y duro suelo en mis narices. Sólo sentí unos brazos deteniéndome. Luego todo fue oscuridad…Desperté en la enfermería, según me dijeron, un par de horas después. Estaba tumbada en la cama con algo fresquito en la frente. Todavía no abría los ojos. Se estaba tan a gustito así… Escuchaba unas voces, simples murmullos, pero no me sabía de donde estaba. Me removí entre las sábanas, abrí los ojos y pude ver a mi profesor de Lengua con una enfermera. Al moverme descubrí que de mi cabeza cayó aquella cosa fresca y húmeda que era sólo una toalla mojada.En cuanto vieron que reaccionaba, se acercaron preocupados a verme.-¿Cómo te encuentras? – me preguntaron ambos a la vez.- Bien aunque algo mareada – observé el lugar, pocas veces había estado allí – y desorientada. ¿Qué hago aquí?- Te desmayaste al entrar en clase ¿lo recuerdas? – me dijo Lanzani. No estaba segura pero asentí igualmente.- ¿Has sufrido mareos recientemente? – cuestionó la enfermera, apuntando cosas en un folio.- No.- ¿Te has sentido fatigada o cansada?- No.- ¿Has estado enferma?- No, sólo un simple resfriado.- ¿Tienes novio? – preguntó mirándome suspicaz. Yo me ruboricé al captar su idea – Es muy normal que a vuestra edad se comentan irresponsabilidades, pero…- ¡No estoy embarazada! – dije escuchando las risas de fondo de Lanzani.- ¿Has… - por Dios. ¿Cuándo acaba? Es ese momento mis tripas rugieron de forma atronadora. Yo me ruboricé más, si es que eso era posible. Eso me recordaba que… - ¿Cuánto tiempo hace que no comes?- Yo… - empecé a contar – Desde antesdeayer – contesté escondiendo parte de mi cara bajo las sábanas. La enfermera salió murmurando un "ahora vuelvo" que dándome a solas con el profesor.
Yo… - empecé a contar – Desde antesdeayer – contesté escondiendo parte de mi cara bajo las sábanas. La enfermera salió murmurando un "ahora vuelvo" que dándome a solas con el profesor.- ¿Por qué no comes? – se moría por hacerme esa pregunta. Era evidente…- Fue por su culpa – contesté recordando, peor mirando hacia otro lado a la vez – Ayer cuando llegué a casa, mis padres me estaban esperando. Me echaron una bronca del quince. Ellos nunca, en la vida me habían hablado así y mucho menos me habían castigado. No quería hablar con ellos y no bajé a cenar, pero… ¿Por qué le estoy contando esto? Déjeme ¿No tendría que estar en clase? Es su deber.- Estaba preocupado – y yo atónita. No tuve nada con lo que responder a eso – No pretendía que te castigaran, además ahora no tengo que dar clase - ¿y por qué me contaba a mí esto? Bah… No me importa.La enfermera interrumpió fuertemente con una mujer pelirroja que reconocí como la psicóloga del instituto, la señorita Hope. Que mal rollo…- Lali, has tenido una bajada de tensión debida a la nula ingesta de comida - informó la doctora. Qué novedad… - Toma – me tendió una chocolatina – Ahora vas a hablar con la señorita Hope y luego irás a casa. Si hace falta, podemos llamar a tus padres – la miré más que extrañada, levantándome de la cama.
Lali, ya sabemos la importancia que le dais las chicas al físico. Pero algunas medidas son demasiado drásticas y pueden convertirse en enfermedades…- Pare, pare, ¡pare! – la corté gesticulando exageradamente con las manos. Tomé mi chaqueta y mi mochila. Tenía que salir pitando de allí, antes de que me pusieran la camisa de fuerza – Yo estoy muy a gusto conmigo misma y me importa muy poco lo que los demás digan de mí. También sé que soy lo suficientemente adulta como para no hacer esas chiquilladas. Si no comí, fue por que discutí con mis padres y no quería verles. Ahora si me permitís. – caminé hasta la puerta, pero la psicóloga me detuvo.- El primer paso es aceptarlo. Y con esa reacción…- ¡Por Dios! ¡Ni que fuera alcohólica! – grité exasperada. Ella si que necesitaba un manicomio urgentemente.- Señoras – intervino el profesor Lanzani que hasta ahora había permanecido callado, disfrutando del espectáculo – No la presione. Yo creo que está perfectamente. No obstante, déjenme hablar a mí con ella – ambas aceptaron. Por fin le encontraba la utilidad… - Esposito, ven conmigo – le seguí irremediablemente hasta el departamento de Lengua. Entré y le miré expectante ¿Qué pensaba hacer? Agarró unos papeles y los firmó.
A veces las mujeres os preocupáis excesivamente y veis cosas donde no las hay. Toma. Un parte de salida. Vete a casa y come algo. Mejor si tiene azúcar. Te recuperarás antes. Y luego duerme. Si quieres llamo a tus padres para que no se preocupen. Además si no lo hago la psicóloga lo hará, les contará su versión y les dirá que te vigilen.- ¿Algo más doctor? – pregunté cogiendo el parte.- Mm… Estudia de la página 120 a la 140 del libro para el jueves. Quizá haya examen – rió sarcásticamente, pero a la vez con sinceridad… ¿Cómo puede ser eso? – O puede que no – le miré suspicaz.- Gracias por todo.- A lo tonto ha perdido clase – comentó- Ya las recuperaré.- Más le vale – en ese momento tocó el timbre del recreo – Venga… ¡váyase!Salí de allí riendo a carcajada limpia.Llegué a casa muerta de hambre y vi qué había en la nevera. No me esmeré mucho y comí lo primero que pillé. Cuando mi tripita estuvo felizmente llena, dormí de un tirón hasta que un zarandeo me despertó.Era Monito. Una compañera me había traído los deberes. Los metí en mi mochila. Como eran las cuatro y media decidí ir a trabajar.
Capitulo 7.Mis padres estaban en el salón, enterados de todo. No me dijeron gran cosa, sólo me pidieron perdón. Antes de salir de casa tomé una manzana bien verde y me la fui comiendo por el camino.- ¡Hola Gas! – saludé abriendo la puerta de la librería.- ¡Hola niña! – mi jefe apareció cargada de cajas que depositó en el mostrador – Tu madre acaba de llamar. Si te sientes mal puede encargarme yo solo de la tienda.- Gaston, tranquilo, estoy bien. Si me encuentro peor te lo diré – me fijé en las cajas emocionada - ¿Ha llegado cargamento nuevo? – me encantaba desempacar y tirarme las tardes muertas colocando los libros en su sitio.- Sí, pero a ti te toca mostrador – me quejé – Si tu madre se entera de que se te ha ido la cabeza y te has roto una pierna por caerte desde la escalera… No quiero ni imaginármelo – qué trágico ¿no? – Además tengo una sorpresa para ti – dejó las cosas en el suelo. Me tendió una cajita mientras me sentaba en la silla que había detrás del mostrador. Era un conjunto de llaves. Le miré interrogante - ¿Ahora quieres que vivamos juntos?- Sólo de ti me podrías esperar esa respuesta… Son las llaves de la tienda. Mira que es una responsabilidad muy grande – le estrujé en un abrazo de oso.- No te fallaré – tras este tierno momento nos pusimos a trabajar. Cada vez que alguien entraba dejaba a un lado mis deberes para atenderle con una sonrisa Después de dos horas había terminado los de Historia y Arte. Quedé horrorizada cuando vi los de Música, mi optativa: había que escribir una canción… ¡y cantarla en clase!Volví a sentirme un poco mareada. No tenía comida y si se lo decía a Gaston me mandaría de cabeza a casa. Me tanteé los bolsillos, pero nada. Probé suerte con la mochila y allí estaba la chocolatina que me había dado la loca de la enfermera. Serviría… La abrí y empecé a componer.Tampoco me estaba quedando tan mal, al parecer. Me preguntaba cómo sonaría. Ningún cliente daba señales de vida, así que con una melodía inventada comencé a cantarla."Cada vez te siento más cerca de vos me enamoro & lo guardo en mi piel, siento como un esclofrío, yo kiero acercarme pero vos no me ves, voy perdida ya no sé qué hacer, sé que tengo que actuar, pero me vence latimidez. El mundo sabrá k te kiero, tengo k animarme esta vez..Escaparé contigo para siempre, te cuidaré & te enseñaré a kererme..." – me detuve al escuchar aplausos. ¿Cuando se había abierto la puerta? Mi sorpresa fue mayor cuando vi al mismísimo Juan Pedro Lanzani entrar a la tienda.- No se corte – me dijo a modo de saludo – Siga cantando.- Ya no tengo más letra – le contesté pegándole otro muerdo a la chocolatina. Estaba buena…- ¿Ensayando para algún casting?- No, haciendo deberes para recuperar clases – agité las hojas para recogerlas, pero la de la bendita canción salió volando aterrizando a sus pies.- Canta bien.- Gracias – recogí el folio que me tendía.- Por cierto, te veo mucho mejor. Menos mal que me hiciste caso – comentó con un tono de suficiencia que comenzó a irritarme. Y hoy no estaba para bromas.- ¿Quiere algo? – a ver si se iba ya…- ¿Trabaja aquí?No – contesté sarcástica – sólo estoy de exposición en el mostrador. ¡Aproveche! Dentro de unas horas me iré a mi casa… Si trabajo aquí y si no le importa podría darse prisa. No estoy como para perder el tiempo con usted.- Quería un ejemplar de Mitología y Leyendas.- Espere, lo consultaré – lo busqué en el ordenador y vi que era uno de los libros que Gaston estaba colocando - ¡Gas!- ¿Algún problema? – preguntó mi profesor.- Ninguno – se me había pasado por la cabeza decirle que Gaston los estaba ordenando, pero no tenía por que darle explicaciones.- Dime, Lali – dijo Gaston apareciendo cargado de libros.- El señor Lanzani necesita Mitología y Leyendas ¿Ya lo has sacado? – él miró sus manos y me entregó un libro muy grueso – Vaya. Si que le gusta leer… El libro no es precisamente una finura.- Sí, en vez de Romeo y Julieta he pensado que os le podríais leer – comentó mientras le cobraba. Yo empalidecí – Era broma, Esposito.- Ups… No hay cambio ¡Gas!- ¿Ahora qué?
- No hay cambio – él llegó enseguida, pero se quedo contemplando la cara de mi profesor – Tierra llamando a Gaston… Llamada denegada.- ¿Juan Pedro? – preguntó con su cara iluminada. Mi profesor le miró también intentando adivinar algo. Esto me olía muy mal. - ¿Peter? – y eso peor…- ¡Gas eres tú! – eso ya... Ni qué decir tiene - ¡Cuánto tiempo! ¿Qué ha sido de tu vida? – que "tierno" reencuentro… ¿Reencuentro?- ¡Parad! ¿Os conocéis? – asintieron – Ahora si me voy a desmayar.- Somos amigos – explicó mi jefe – Empezamos a estudiar junto la carrera, pero yo la dejé y él siguió – después de la escueta explicación, ambos siguieron hablando sobre idioteces del pasado que no escuché – Lali a que no te importa encargarte de la tienda hasta la hora de cerrar, ¿a que no? Es que nos vamos a tomar algo…- ¡Traidor! ¡Te has pasado al lado oscuro! – protesté – Ese – señalé a mi profesor – no se merece ni…- Y vosotros ¿de qué is conocéis?- Es mi profesor – espeté cabreada…- Es mi alumna – oh vaya ¿será casualidad? que listo es mi profesor.

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